04 Mar

Calabacín en Caledonia, capítulo 6: William “puñales” Wallace

Amanecimos en aquel hostel international perdido de la mano de dios y después de un desayuno rápido nos largamos a algún sitio que no estuviera tan incivilizado.  Nuestro destino era el parque natural de Trossachs, un gran complejo de lagos y bosques que ocupan todo el centro de Escocia.

Lo primero que nos sorprendió del parque natural fue la extrema quietud de las aguas de los lagos, que parecían auténticos espejos.  Lo segundo, la ausencia total de turistas. Era un entorno y un paisaje espectacular, con miles de rutas, y hacía un día perfecto. Con todo a favor y miles de turistas dando vueltas por Escocia, ni uno estaba por aquí.

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En cualquier caso, cogimos una de las múltiples rutas que había y nos fuimos a dar un paseo por los lagos.

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Para media mañana fuimos a Loch Lommond, el más famoso de los lagos de esta zona, que además contaba con una playa en la que había miles de chavs almorzando, con familias ingentes de niños gordos y rosas. En este lago había mucha menos paz ya que además de los escoceses rosados había lanchas, motos de agua, y barcos. Era una especie de mini-salou en una sección de 300 metros de playa de un lago en un bosque recóndito.

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Habíamos pensado comer allí, pero el ambiente no era muy acogedor en la playa, y en los merenderos había hordas de familias haciendo parrilladas y llenándolo todo de humo y grasa en suspensión. Así que nos fuimos a Stirling, que era nuestra última parada antes de Edimburgo, conocida por la afamada batalla de William Wallace.

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Hay que decir que Stirling es un pueblo bonito. Está en una colina que domina un enorme valle que es donde probablemente tendría lugar la batalla. Curiosamente en lo alto de la colina había una iglesia y un cementerio. Muy batallil todo.

En la parte baja comimos nuestros bocatas cutreibols de chorizo, mientras teníamos una animada discusión sobre si “creo que sí” es lo mismo que “creo que no”. Yo defendía que si la expresión “creo que sí” se refiere a recordar algo, o sea, equivale a “no me acuerdo exactamente pero me parece que era sí”, es esencialmente lo mismo que decir “creo que no” (obviamente si la expresión se refiere a tener una creencia o una opinión, no se puede establecer esta analogía (“crees que el verde es bonito?””creo que sí”, ahí NO)). Iñigoch decía que ni pa dios era lo mismo. Pero yo tenía razón. :D

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Después de tener la barriga llena nos fuimos a ver las estatuas de Robert The Bruce, auténtico héroe de todas las historias escocesas, que estaba en el centro de Stirling, y posteriormente el über-monumento de William Wallace, que está a tomar por saco y hay que ir en coche. Si bien hay que decir que el monumento es mucho más grande.

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De hecho se ve desde la distancia (desde mucha distancia) y el de Robert no.

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Como había que pagar y somos unos ratas (especialmente yo), no entramos. Tampoco creo que nos perdiéramos gran cosa. En cualquier caso una de las cosas más destacadas son las vistas, ya que este monumento se encuentra en otra colina en frente de la anterior, y proporciona unas vistas excelentes del valle y de la colina principal de Stirling. Como hacía un día fetén pues la gozamos (aunque la subida hasta la torre fue una palicilla bajo el calor de la tarde)

Después de monumentear, nos fuimos hacia Edimburgo, donde nos alojamos en un nuevo hostel international, pero este con gente más normal, y con acceso al wifi y esas cosas que suelen ser básicas. Y tras un refresco y puesta a punto salimos a dar un garbeo por el centro y cenar, acabando en el restaurante de Jaimie Oliver, donde volvimos a cenar pasta carbonara. Increíblemente, habíamos comido 5 días fuera de casa y los 5 habíamos pedido pasta carbonara los tres. Parece que era lo único que Escocia podía ofrecernos. En el de Jaimie Oliver la pasta estaba muy rica.

Después salimos hacia la zona de meneo de Edimburgo, en la que había bastante ambiente ya que era viernes, y nos metimos en un bar irlandés con música en directo y cienes y cienes de estudiantes que estaban dándolo todo. Allí tomamos unas buenas pintas con música en directo e Iñigoch puso en marcha su imparable maquinaria de seducción basada en miradas. Cuando quisimos darnos cuenta, Unaigh y yo estábamos solos en nuestra mesa mirando ojipláticos como Iñigoch estaba muy entretenido con una escocesa de la mesa de al lado.

Nos fuimos a casa mirándonos confundidos, intentando entender cómo sólo con unas miradas Iñigoch, from now on known as “The Fucking Meister”, había… bueno… que a dormir.

 

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