23 Ene

Calabacín en Caledonia, capítulo 5: Puñalfall

La amanecida en las mullidas camas del Skyewalker fue agradable, pero teníamos que irnos pintando, ya que teníamos que coger un ferry en Armadale, una minúscula localidad costera al sur de Skye, para cruzar a la “mainland” escocesa. No coger ferry habría implicado volver por donde entramos a Skye, y tardar casi 3 horas en llegar al norte de la mainland. El ferry nos dejaba en 30 minutos en una zona bastante más al sur, aunque íbamos a tardar más de una hora en llegar a Armadale. La idea era llegar por la tarde al parque nacional Trossachs, donde dormiríamos. Pero por el camino teníamos algunas paradas destacadas.

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Después del desayuno en una cafetería junto al ferry de Armadale, la única del pueblo probablemente, y que debía su negocio a los pasajeros, paramos en un súper en Mallaig, ya en la mainland, para continuar por la enrevesada carretera que iba rodeando fiordos. Paramos en Glenfinnan, una localidad al norte del lago Shiel, que acogió uno de los levantamientos jacobitas del siglo 17 y hay una estatua y un museo conmemorativo y blablabla…

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Pero donde iban todos a hacerse fotos era al viaducto, un tramo elevado de vía que pasa entre dos colinas y que es famoso por salir en Harry Potter. El pueblico era muy bonito pero no tenía mucho que ver tampoco.

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Así que seguimos hacia nuestra siguiente parada Fort William, una destacada localidad a las faldas del Ben Nevis, el monte más alto de Escocia, y como no podía ser de otra manera, estaba llena de tiendas de ropa de montaña (además de las ya clásicas tiendas de whisky). Dimos un garbeo viendo las tiendas, pero como ya era casi medio día no tardamos en buscar a un restaurante a pincharnos una hamburguesa, que entró bastante bien. Salimos de allí decididos a comernos un helado, pero al entrar en la heladería más cercana vimos que no había helado de chocolate. Iñigoch estaba indignadísimo. Era inconcebible, una heladería sin helado de chocolate! Hasta ahí podíamos llegar! Salimos de inmediato a la búsqueda de otra heladería, para encontrarla sorprendentemente rápido y descubrir que aquí tampoco había helado de chocolate. Pero qué les pasa a los escoceses? No era aceptable, así que salimos a buscar otra heladería, y en la misma calle encontramos otra. En esta… tampoco había helado de chocolate. Los ojos de Iñigoch estaban saliéndose de las órbitas, mientras Unaigh sufría por su ansia de helado, ya que a él le daba igual el chocolate pero quería comprarlo ya. Tentando a la suerte, ya que en un pueblo tan pequeño no era de esperar que hubiera muchas más heladerías, salimos de nuevo a buscar una cuarta heladería. Y la encontramos. Y tampoco tenían helado de chocolate. Sabíamos que era improbable que encontráramos una quinta, así que al final Iñigoch cedió y se compró un helado de coco. Si el diccionario necesitara una imagen para ilustrar la definición de “decepción”, una de las más fieles podría haber sido la cara de Iñigoch en ese momento. Se estaba comiendo el pedazo de materia fría más insípida de su vida.

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Después de la deslavada experiencia láctea salimos hacia el sur. Íbamos a Crianlarich, nuestro siguiente alojamiento, perdido de la mano de dios en medio del parque natural de Trossachs (casi como John Benjamin). El sitio de nombre casi impronunciable, especialmente si uno quiere pronunciarlo con acento escocés (abriendo mucho la boca y poniendo el acento en la penúltima sílaba), estaba a unas dos horas de Fort William. Pero por el caminó teníamos algunos highlights.

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En primer lugar paramos en el valle de Glencoe, unas suaves y verdes laderas rodeadas de picos que recordaban a los paisajes más llamativos de Noruega. Allí, tras las fotos de rigor hicimos un mini-trekking (de 20 minutos) que rodeaba una pequeña colina pasando por un bosque. Allí Unaigh no perdió su oportunidad de apuñalar el pulmón de Iñigoch con un palo afilado. El paseo estuvo bien, y tuvimos la oportunidad de ver a unos gordos escoceses meterse vestidos en un río cercano y perder pie porque el río era mucho más profundo de lo que esperaban, y proporcionarnos unos minutos de angustioso espectáculo hasta que consiguieron volver a salir.

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Seguimos por el suave valle del río Coe (un glen es un valle alargado y profundo dejado por un glaciar o por un río, de ahí Glencoe), para visitar The meeting of the three waters, el encuentro de tres aguas, que en realidad es de dos, para dar lugar a una tercera, el río Coe. Allí hay unas bonitas cascadas a las que uno puede trepar y hacer el mono.

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Desde allí nos metimos en un camino de cabras con un ancho en ocasiones inferior al del coche, por el que tras un buen rato en segunda llegamos a uno de los highlights del día: el mítico lugar de la foto de Skyfall donde James Bond está junto a su Aston Martin DB5 y mira al horizonte de las highlands. Encontramos el punto exacto de la foto y como buenos mitómanos (aunque la peli era un poco castaña), nos hicimos una sesión de fotos, amenizada una vez más por los mosquitos infernales psicópatas que había en un charquito justo al lado de donde había que situar la cámara para conseguir el ángulo original.

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Es un Kia Rio en vez de un Aston Martin, pero por lo demás, resulta difícil distinguir esta foto de la oringal :D

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Iñigoch parecía que iba a desenfundar en cualquier momento

El resultado no estuvo mal pero un lanzallamas nos habría facilitado las cosas. En cualquier caso, después de 200 fotos, seguimos la carretera para aprovechar el increíble paisaje de este valle en pleno atardecer.

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Después de unas cuantas fotos y un paseo por el valle, arrancamos hacia Crianlarich, donde llegamos al anochecer. El pueblo, por llamarlo de alguna manera, tenía unas 10 casas, un hotel! y algún que otro comercio, todos cerrados. Nos dimos una vuelta por el pueblo, descubriendo que no había mucho que ver. Estábamos en un entorno natural impactante, pero sólo podíamos acceder a él en coche, ya que no había acera ni pistas. El albergue (un youth hostel international), estaba en medio de un bosquecito, aislado del resto del pueblo (y del mundo, no había cobertura de móvil, ni internet, bueno internet había una conexión que no funcionaba). El tipo que lo atendía era un señor de avanzada edad que por un lado no se enteraba de nada y por otro se la traía todo al pairo (excepto que hiciéramos mal uso de las instalaciones, algo con lo que nos insistió abundantemente). Tardamos 20 minutos en pagar porque el señor no se aclaraba con el TPV, metió mal la tarjeta, le dijo a Unaigh que su tarjeta estaba mal, y al final tuvimos que pagar en metálico. Para cenar nos ofreció bebidas que tenía en su cabinita donde estaba la recepción, y le comentamos que cuando fuéramos a cenar se las pedíamos. Pues bien, cuando un rato después fuimos a cenar, el tipo se estaba hincando un sandwich en el restaurante del hostel, y le dijimos que a ver si podía sacarnos las botellas. Nos dijo que tenía que terminar de cenar, para lo cual se tomó sus buenos 25 minutos (era un condenado sandwich y estaba empezado cuando llegamos!!), minutos que estuvimos sentados en la mesa esperando a tener las bebidas y mirándole de vez en cuando, el tipo haciéndose el sueco. Pero además cuando por fin nos atendió con gesto de “a qué vienen estas prisas, me estáis agobiando”, tardó otros 10 minutos en sacarnos las dos botellas de cerveza de su cuartucho y 5 más en hacer la suma de lo que costaban para cobrarnos. No era un tipo con mucha entrega. Pero sí era el primer tipo con el que nos cruzamos que tenía un cerrado acento escocés, lo que dificultaba todo más, ya que no entendíamos nada.
Después de cenar estuvimos enredando un poco por el hostel, viendo la tele con los que aparentemente eran los únicos otros clientes del hostel aquella noche, y al final nos fuimos al sobre.

11 Ene

Calabacín en Caledonia, capítulo 4: Un dram de whisky y una puñalada en el pulmón

Menos mal que íbamos a huir de aquellas caravanas de la muerte. Yo no había dormido tan mal, pero me consta que Iñigoch y Unaigh habían sufrido ronquidos del tipo gigante que el día anterior se había sentado en el sofá ocupando dos plazas y media. Además, las caravanas tenían goteras y el hostel tampoco era el sitio más acogedor que habíamos visitado en nuestros viajes…

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La isla de Skye es grande, pero en un día en coche se pueden visitar todos sus highlights, siempre que no esperes subir a los montes Cuillin, extremadamente llamativos, pero que te pueden llevar 3 horas la ida y vuelta. Así que como íbamos justos de tiempo decidimos verlos desde abajo, ya que por la tarde teníamos visita a una destilería de whisky.dscf5818

En primer lugar fuimos a Portree, un pequeño, pero masificado pueblo pesquero que reunía bastante parte de la pesca de las Hébridas interiores, y en el que, al ser domingo, no pudimos ver nada, ya que sólo estaban abiertas las panaderías. Dimos una vuelta en todo caso, que en seguida se acabó, ya que el puerto era muy pequeño.

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Después de aquello arrancamos hacia los acantilados de Kilt Rock, unos escarpados barrancos rodeados de ocasionales farallones que se alzaban cerca de Staffin. Las vistas estaban muy bien, aunque probablemente fueran mejores desde fuera de la isla. dscf5824 dscf5827 dscf5830 dscf5836

Además, los viewpoints estaban plagados de mosquitos que se te pegaban y se metían en todas las cavidades. Eran mosquitos zeros como los de Nepal, pero mucho más pequeñitos. Aun sabiendo que iban a morir aplastados se lanzaban contra ti, y Unaigh descubrió dos días después que tenía la pierna llena de minúsculas picaduras. Así que se veía a los turistas que iban llegando acercarse a la barandilla del viewpoint y durar 30 segundos, hasta que salían disparados hacia el coche de nuevo.

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Seguimos nuestra trayectoria por pueblos tan exóticos como Brogaig, Flodigarry, Kilmaluag, Balgown, o Feorlig,  pensando que los antiguos escoceses vivían permanentemente con espinas de pescado atascadas en la garganta. Finalmente llegamos hacia la hora de la comida a Carbost,  habiendo rodeado toda la isla. Carbost se sitúa junto a un espectacular fiordo y se caracteriza fundamentalmente por ser la ciudad donde se encuentra la destilería de Talisker, que íbamos a visitar esa misma tarde. Según bajamos del coche se percibía ese delicioso olor a establo de la malta de cebada que lo impregnaba todo. Nos metimos en el primer bar que encontramos, esperando poder comer algo. Y vaya algo, tras ver el menú, decidimos que ÉSTE era el bar en el que por fin íbamos a probar el famoso haggis. El haggis es según te lo cuentan, una cerdada: vísceras variadas de oveja metidas en su estómago. Suena mal de narices, pero está delicioso.

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En realidad, se parece bastante a nuestra morcilla, que al final no deja de ser sangre de cerdo en su intestino. Pero claro, tiene truco, igual que la morcilla no es sólo sangre intestinada, el haggis no es solo pulmón estomagado. Tiene una fina mezcla de cebolla, avena, especias que hace que sea una comida muy rica (y calórica).  Tras mi plato de haggis con verduras y patatas , fuimos a todo correr a la destilería Talisker, para mí uno de los highlights del viaje, pues como muchos saben, soy un gran entusiasta de los whiskis escoceses (y de hecho mi mochila volvió llena de botellas).

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El proceso de destilación del whisky es aparentemente sencillo, pero tiene detalles muy clave como el agua, la madera, quemado y tiempo de envejecimiento, o el grado de tueste de la cebada para maltearla. Un escocés con acento imposible nos explicó todos esos detalles, la transformación del jarabe de malta en wort, el destilado de wort en wash, y en la última fase, el divertido pero importante concepto de angels’ share, la porción de los ángeles, que es básicamente lo que los ángeles se beben (lo que se evapora) de whisky cada año desde que es metido en las barricas, que hace que un whisky de muchos años no sólo sea preciado porque ha envejecido de forma extrema, si no por su escasez, ya que ha menguado progresivamente.  Al final de la visita hacen una cata donde te ofrecen Talisker Storm, en mi opinión uno de sus whiskis más vulgares, pero explican cómo beberlo, explican que es perfectamente lícito aguarlo (y bastante típico, dependiendo del tipo de whisky, ya que abre el sabor y el aroma) y que se degusta mejor con un vaso de agua para limpiar la boca y probar de nuevo cada sorbo como si fuera el primero. También nos contaban la diferencia entre single malt y blended, y es muy muy curiosa, ya que single malt significa que es un whisky procedente de una sola destilería, pero no de una barrica, como piensan algunos, ya que las barricas de una misma hornada se mezclan diversas veces entre ellas y con otras para igualar sabores y que no salga cada tanda con matices diferentes. Y un whisky blended lleva whisky de varias destilerías y no lleva años de envejecimiento, ya que no lo saben a ciencia cierta :D. Los whiskis signature, como el Talisker Storm, suelen ser blended, ya que buscan alguna cualidad específica en esa variedad concreta (como por ejemplo el Talisker 57, que tiene 57º de graduación alcohólica para representar que Carbost tiene latitud 57).

En fin, una grata experiencia en la destilería, tras la cual me hice socio del club Diageo de destilerías, que básicamente agrupa a prácticamente toda la producción de whisky escocés, y que te ponen sellitos cada vez que visitas una. Pero sobre todo, te dan un mapa de sabor, y grado de ahumamiento de todos sus whiskis, algo muy práctico cuando quieres comprar alguno.

DEspués de la destilería nos quedaba una pequeña porción de tarde, que dedicamos a ir a las Fairy Pools, una serie de cascadas suaves con pocitas en una larga ladera escocesa.

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Las fairy pools eran muy bonitas, pero lo más llamativo es que el agua estaba helada, pero estaban llenas de escoceses (y otros) echándose baños.

DEspués de las pocillas, estaba a punto de anochecer, así que tiramos para el Skyewalker hostel, el hostel más en medio de la nada en el que he estado (si quitamos Ósar, en Islandia, y el putiantro del camino de la muerte en Nepal), que no tenía conexión a internet, ni de teléfono, ni naada de nada, pero era agradable, acogedor, bonito, y había un montón de gente que al no tener internet ni teléfono estaban por allí danzando y tocando instrumentos raros y de alguna manera te empujaba a relacionarte.  Y más aún, tenía fuera una especie de iglú transparente con sofás donde la gente iba a echar unas cervezas y ver el cielo (aunque también había una china viendo una telenovela china mientras hacía una especie de contorsionismo). Skyewalker era uno de esos hostels de los que te da pena irte. Pero bueno, al día siguiente habría más.

 

12 Nov

Calabacín en Caledonia, capítulo 3: El puñal del lago Ness

Salimos prontito de Inverness hacia el sur para ver al monstruo del Lago Ness, que parece que le gusta salir por las mañanas. Aunque habíamos visto algún montruo más llamativo (ocupando él solo, sentado, un sofá de tres plazas) en el hostel de Inverness. Había mucha más gente peculiar, como un señor muy mayor al que habíamos visto varias veces a varias horas y siempre estaba vestido con traje, descalzo, y comiendo cosas muy raras. Pero en fin, Nessy llamaba, y nos piramos de aquel sitio.

dscf5748El lago Ness, per se, es un poco decepcionante. Es un lago sin más, largo, pero que no tiene un gran paisaje, ni una quietud llamativa, ni un monstruo. Cualquier lago cutreibol de los Alpes es mucho más chachi. Pero lo que no tienen en los Alpes es una historia de conflictos, guerras entre clanes, guerras con los malditos ingleses y tradición militar exaltada (bueno eso igual sí). Otra de las guerras que surgió en el Lago Ness fue la guerra de la puñalada en el pulmón, de la que se verán algunas referencias de poca importancia en esta narración. Surgió cuando Unaigh amenazó con apuñalar el pulmón de Iñigoch, y la escalada de amenazas mutuas fue creciendo insosteniblemente a lo largo del viaje. (“Iñi, que te apuñalo el pulmón” – “unai, que te perforo la pleura!”)

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Así que después de parar en un par de vista points que supuestamente iban a estar concurridísimos y por eso habíamos salido tan pronto, y en los que finalmente no había ni claus, tiramos un poco más al sur hacia el Urquhart Castle, una fortificación en ruinas a orillas del lago que ofrece unas vistas bastante impresionantes, y a la que fuimos prontísimo para que no estuviera muy lleno de turistas. Fuimos tan pronto que no habían abierto, ya que formaba parte de un recinto cerrado y de pago claro.

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Ya dentro se podía ver un trabuquete aún bien conservado y las pelotas de piedra que usaban para reventar castillos como ese, y las ruinas que quedaban, que estaban medio conservadas. Era una visita similar a las del día anterior, pero sin habitaciones de duques ni cocinas llenas de pucheros de cobre. Aquí sólo quedaban piedras. dscf5762 dscf5766 dscf5771

Unas piedras bonitas, though, con buenas vistas del lago y de la pedazo de nube de lluvia que venía desde el norte dispuesta a calarnos.
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Y así fue, la nube llegó, y nos caló a nosotros y a otro montón de turistas que tiramos a todo correr hacia el centro de interpretación, donde tenían un minicine y nos metimos a ver un vídeo de 15 minutos sobre el castillo en el que además de la historia, una vez más sembrada de guerras con los ingleses y cambios de manos, te contaban de nuevo el glorioso pasado militar de los escoceses, con sus clanes y sus blablabla. Uno empieza a darse cuenta de por qué los escoceses forman una de las alas del ejército británico más temibles.

Al salir de allí tiramos hacia Fort Augustus, que contra lo que parecía indicar su nombre, no era un fuerte, si no una pequeña ciudad. Entiendo que en algún momento habría sido un fuerte, pero en este momento era una turística población en el extremo sur del Lago Ness, y por la que pasaba el río Ness, que alimentaba el lago (y acababa atravesando Inverness). Lo más curioso de Fort Augustus, muy a pesar de sus embarcaderos y zona lacustre, era el llamativo sistema de cinco esclusas con las que barcos de buena dimensión podían bajar del río, que estaba elevado, al lago. Probablemente en algún momento aquí hubo una cascada, ya que el río discurre varios metros más alto que el lago; pero los fortaugustenses habían construido unas llamativas esclusas como las del canal de Panamá para pasar barcos, y pudimos verlas funcionar y como lujosos veleros empezaban con los camarotes a la altura de nuestra nariz y de pronto se hundían para poder pasar hacia la siguiente esclusa.dscf5779

Después de comer en un garito infecto (toda la comida era bastante británica por todas partes, por lo que para un día que no comíamos jamón…) salimos hacia la isla de Skye, donde pasaríamos los siguientes días.

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Pero antes pararíamos en el castillo que salía en la peli de la Trampa y también en el mundo nunca es suficiente, donde el Mi6 tenía su “base escocesa” o qué se yo. Pelis de Bond con Brosnan, esa aberración. Se trataba del castillo de Eilean Donan, y estaba emplazado a orillas de un profundo fiordo por el que se podría navegar hacia el Atlántico y las Hébridas. Este castillo es básicamente como los anteriores que vimos, pero mucho más espectacular, no sólo por dónde está ubicado, si no por cómo está decorado, por las estancias que se pueden visitar, que son más y  con más funciones (entre ellas salas de planificación militar), con pasadizos, y agujeros en paredes que permiten espiar reuniones en salas aledañas; además, en él tuvieron lugar muchas reuniones militares entre clanes que están de alguna manera representadas y son muy llamativas. Sin duda uno de los castillos más espectaculares que visitamos en todo el viaje.dscf5792

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Cuando salimos de Eilean Donan tiramos hacia Skye, que estaba a tiro de piedra, y sólo nos suponía cruzar un curioso puente muy empinado que une la isla con lo que ellos llaman “main land”, que no es otra cosa que otra isla más gorda, aunque eso de main land suene a continente.

Allí nos alojamos en un hostel con “encanto” en el pueblo de Kyleakin.  Dormir en Skye es como norma general muyyyyy caro. No hay muchos alojamientos, pero sí que hay mucha demanda, así que los precios se disparan. Nosotros sin embargo, habíamos encontrado un hostel por 10 euros la noche cada uno o algo así. Encima en un momento en el que llegábamos tarde y estaba prácticamente todo reservado. Cuando llegamos al hostel supimos por qué era tan barato. Nuestro maravilloso hostel era una casita cerca del mar, que no tenía mucho espacio, pero sí tenía muchísimos huéspedes. Tanto era así, que nosotros no íbamos a dormir “en” el hostel si no “junto” a él. Resulta que en el jardín posterior había unas antiguas caravanas que habían reconvertido en barracones y ambientado en star-trek y otros motivos absurdos. En cada barracón había 12 camas. Pero nosotros que éramos tres no cabíamos en uno, así que nos separaron. A mí me toco irme solo al de star trek, que estaba poblado únicamente por chicas alemanas. Era “peor” porque me tocaba irme solo, pero luego descubrimos que en el de Iñigoch y Unaigh había goteras (y gente peculiar cuando menos)2016-08-13-18-24-44

Para qué decorarlo, éste tal cual.

Para qué decorarlo, éste tal cual.

Las duchas eran bastante mofa también, aunque al menos podíamos usar las del interior del edificio. La recepcionista era una chica curiosamente de Bilbao, que fue bastante maja y nos dio algunas pautas para la noche.+

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Maravilloso barracón con goteras y un calentador enchufado de mala manera a un cable en medio de la habitación

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Duchas, bastante “rurales”

No había mucho que hacer allí, así que nos fuimos a dar un garbeo por Kyleakin, que por otra parte era un micropueblo pesquero que no tenía nada que ver, salvo los barcos pintados con motivos pro-independencia de Escocia, algo que no habíamos visto en ningún sitio hasta aquí.

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Llegó un punto en que se puso a llover y nos dimos la vuelta para cenar en el hostel. Estaba tan petao y había tan pocos sitios para sentarse (además de que un grupo de alemanas bastante numeroso, y un español que les metía fichas llevaban sentados en la misma mesa jugando a un juego absurdo desde que habíamos llegado, y no dejaban a la gente sentarse a cenar), que tuvimos que cenar de pie en una esquina de la cocina. Desde luego no era el más acogedor de los hostels en los que he estado. Aunque los recuerdo peores…

Después de cenar fuimos al único garito del pueblo, una especie de restaurante-bar muy americano (me recordó al de True Blood, pero sin el encanto sureño) que tenía música en directo,  y muchos turistas dándolo todo. Nos echamos unas buenas pintas allí, y ya más entrada la noche, nos fuimos al barracón.

27 Oct

Calabacín en Caledonia, capítulo 2: Apuñalando al duque

Nos levantamos con diligencia en el Baxter hostel, tras una noche de buen sueño en el que ni los bramidos de Iñigoch habían interrumpido nuestro dormir. El desayuno del Baxter incluía tostadas y café, y probablemente también huevos, aunque no teníamos mucho tiempo para delicatessen. Fuimos a por el coche a la estación, donde Europcar volvió a colárnosla. Y ya van N. Para empezar, habíamos alquilado un Opel Corsa y nos dieron un Kia Rio, que serán de la misma categoría pero definitivamente no son lo mismo. Para seguir, nos contaron la batalla de que tenían una movida que podíamos devolver el depósito vacío y que si lo devolvíamos a menos de 1/4 nos salía a cuenta frente a rellenarlo en una gasolinera. Luego vimos lo que costaba la gasolina y vimos que no sólo no habíamos salido ganando si no que habíamos perdido un buen puñado de euros. Por último el coche tenía una marca considerable que no nos habían apuntado, y que como estábamos curados de espanto del viaje a Suiza les hicimos anotar. En fin, con nuestro Kia Rio salimos hacia la conducción por la izquierda. No nos pareció extremadamente difícil, pero cada uno teníamos nuestros vicios: Unaigh se arrimaba al centro de mala manera, y yo me arrimaba a la izquierda, ambos por falta de referencias al ir por el lado contrario. De pronto a tu izquierda hay un montón de coche, en vez de sólo una puerta, y parece que hay mucho hueco, así que yo tendía arrimarme en exceso. Unaigh se iba al centro (no sé por qué). Por otra parte, el cambio de las marchas con la izquierda y al revés se me hizo un poco raro, y estirar el brazo para meter primera, no sé por qué, pero no me daba el brazo o qué se yo. El caso es que muchas veces metía tercera en vez de primera, y claro en alguna ocasión ya me dejó tirado en una cuesta arriba con una cola de impacientes detrás. Pero en general bien. Lo que era más inquietante era la sensación de no saber nunca cuál era el límite de velocidad, ya que había cámaras para los que se pasaban, pero no había ni una señal. Así que un poco tensión.

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Y al sooon de las gaitas Las líneas del margen no quiiise pisaaaar… No te vayas a la izquierdaaa si no quieres que me mueraaa contra un poste no te vayas a la izquieeeeerdaaa

Y luego estaba el maravilloso clima escocés. A media mañana paramos a comprar pan y provisiones y estaba lloviendo tan horizontalmente que en el camino del coche a la tienda me calé, pero sólo por uno de mis costados. La mitad de mi cuerpo estaba completamente seca. Una especie de Harvey Dent de la caladura :D

En fin, coches al margen, el plan era subir hasta Inverness, para lo que teníamos que hacer unos 400 kilómetros (a los del alquiler les parecía lejísimos, pero no era más que un Bilbao – Madrid). Eso sí, no había autopista más que en una parte del recorrido, el resto por carreteras infernales y a 60. Así que nos iba a llevar un buen rato. Para amenizarlo, por el camino parábamos en el Castillo de Blair. Este castillo pertenece al duque de Atholl, algo que no dirá nada a prácticamente ningún lector. La cosa es que en la enredada historia de Escocia y sus relaciones con Inglaterra hay mucho de aristocracia, familias, herencias y títulos disputados. Como en toda Europa, pero más british porque aquí desayunan huevos con beicon. Entonces todos los castillos que hay diseminados por Escocia han sido de escoceses, que después bajo sometimiento inglés han pasado a manos de aristócratas ingleses, pero luego volvieron a manos escocesas  (en caso de que no fueran arrasados)… y en muchos de ellos siguen viviendo o estando a disposición de los nobles varios. dscf5700 dscf5701

El castillo estaba bastante bien, aunque se había quedado anclado en otra época pero se puede hacer una visita detallada de todas sus estancias, básicamente para conocer el estilo de vida del duque: cuándo caza, dónde come, dónde duermen sus hijas o cómo le gusta que le pinten como a una de sus chicas francesas.

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También tenía muchas cornamentas en un salón de baile. ¿Sería un “guiño guiño” a las parejas que habían pasado a bailar aquí?

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Después del castillo pudimos ver los jardines, espectaculares, las caballerizas, y el tercer pino más grande del Reino Unido (le Royaume Uni, trois points). Allí comimos en unos agradables banquitos, nuestro jamón de Claudio con pan cutre local en lo que una vez más vendría a convertirse en la tónica habitual de las comidas (aunque aún faltaba la tónica habitual de las cenas, que hoy inauguraríamos).

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Y por la tarde… Castillo! Cerca de Inverness está el castillo de Cawdor, pasando los campos de batalla de Culloden (que recuerdan al muñeco de Bart: Culozilla). Este castillo era conceptualmente lo mismo que el otro: aristócrata, habitaciones del aristócrata, cocinas y habitaciones de la plebe, y jardines chachis. Sin embargo, siendo más pequeño, también era mucho más pocholo y  más castillo, tenía incluso un dungeon.dscf5715 dscf5719

y un puente levadizo…dscf5722 dscf5724 dscf5731 dscf5732 dscf5738

Y los jardines tenían nenúfares y cardos azules, flor de Escocia (no,  el de la foto no es un cardo azul). La visita fue sustancialmente más corta, fundamentalmente porque el castillo es más pequeño. Después arrancamos hacia Inverness, ciudad con nombre muy parecido a Invernalia, pero que no hace tanto frío. Por lo demás deben de parecerse bastante. En realidad, la parte de -ness de su nombre hace refencia al río Ness que la atraviesa, que proviene del lago Ness. La parte Inver-… pues no sé, pero de verano seguro que no.

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Inverness no tiene gran cosa que ver, pero el paseíto junto al río Ness es agradable, y frío. Aunque en Escocia no hay prácticamente grandes picos con nieves perpetuas, el agua que viene de las cumbres del interior trae bastante frío. Al final la latitud casi 60º es lo que tiene.dscf5744

Después del paseo descubrimos que a pesar de la luz que había, que parecían las seis de la tarde, era bastante más tarde, quizá las 9, ya que estas latitudes también son propicias para los días muy largos en verano. Así que salimos en busca de un restaurante, pero después de varios intentos y que nos quitaran un par de ellos en las mismas narices, conseguimos mesa en un estupendo italiano del centro, donde los tres comimos de forma casi automática espaguetis carbonara.

Tras la cena marchamos a conocer el ambiente local y dimos con un garito aparentemente auténticamente escocés, con música en directo  y birras locales y de fuelle, como ya venía siendo costumbre. En una de las canciones el tipo empezó a preguntar nacionalidades a todo el público y todos fuimos descubriendo que el único escocés que había en el bar era el camarero.

Al final, nos largamos hacia el hostel, un espartano alojamiento muy cerca del centro que nos había costado cuatro duros, y como tal estaba conservado y decorado. Bueno, no estaba tan mal.. al día siguiente íbamos a ir a otro hostel de esta misma cadena en Skye que nos había costado menos aún.. y ahí descubriríamos el auténtico cutrerío.

11 Oct

Calabacín en Caledonia, capítulo 1: Gaitas y puñales

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La British nos llevó hasta Edimburgo eficazmente y para las seis de la tarde ya estábamos en el Baxter hostel, dejando maletas y preparándonos para visitar un ratito la capital. La chica que nos atendió nos preguntó qué pensábamos ver en el festival de teatro y actividades callejeras que estaba teniendo lugar en ese momento, algo de lo que no teníamos ni idea, pero ya era buena chanza aterrizar en Edimburgo en pleno festival de teatro. Así que acompañando a la super nube gris y a la lluvia intermitente,  tuvimos a una variedad de músicos, magos, actores y artistas varios a lo largo de toda la milla real.dscf5681 dscf5677

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Edimburgo es una ciudad agradable con buen ambiente,pero más allá del castillo tampoco tiene mucho para ver. En seguida se nos fue haciendo de noche  y empezamos a buscar un lugar para saciar las ansias de Unaigh.

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Encontramos una especie de recinto ferial con comida callejera, bebida y música en directo que estaba muy bonito y agradable y decidimos pincharnos allí mismo unas hamburguesas. La de Unaigh de haggis, para no defraudar.

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Las patatuelas no podían faltar.

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Pero a lo que íbamos: había que buscar un buen garito para tomar cerveza, a poder ser de esas de fuelle. En la calle Rose pudimos encontrar un pub estupendo donde habñia gran variedad de birras y mayoría de público escocés, lo cual siempre era  de agradecer.

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dscf5694Salimos contentos del bar y aunque ya era un poco tarde, teniendo en cuenta que al día siguiente salíamos pronto hacia el norte, buscamos otro local donde probar nuevas birras artesanas. Encontramos un nuevo antro cerca del hostel, al lado  del apple store, donde además de la cerveza encontramos una nutrida banda de jazz que nos quiso cautivar con canciones y música ligera. El swing y el encanto del local hacían que sólo echáramos en falta unas bolsas de papel marrón recubriendo nuestras bebidas y unas flappers bailando lindy hop en el centro del local.
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Para media noche ya estábamos en nuestras lujosas camas del baxter hostel, aunque no duraríamos mucho allí. Inverness esperaba.

20 May

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 9: El Montblanc desde lejos

Pues nada, se acabó Adelboden. Era nuestro último día y partíamos hacia el sur. Dejábamos atrás Suiza, por el momento, no sin antes recibir un último latigazo swiss style. Tras desayunar limpiamos la casa, impeccabile, y bajamos a donde el simpático gordito barbudo que nos la había alquilado. Simpático? Olvidábamos que era suizo. Cuando fuimos a pagar el gusano de él se sacó de la manga una “cuota de limpieza” que había estado oculta hasta ahora, y por la que nos iba a cobrar casi 300 euros en concepto de limpieza. La casa nos había costado 500. 60% de recargo por limpieza. CRACKS. Sois unos cracks, suizos.

Nosotros habíamos firmado algo ambiguo que de alguna manera nos ataba, y no discutimos. En la página de booking del tipo no ponía nada (al menos no de forma clara de cuánto te iban a sablar). Así que si vais a Monica House, ya sabéis. Suiza en estado puro. Einigen gozaba. Con su peladura de pasta habitual, gozaba.

En fin, salimos hacia Francia, parando en el puentecillo metálico que a Unaiguille le hacía ilusión, y no paramos ni una vez más hasta haber cruzado la frontera. Íbamos a Chamonix. Ya que no íbamos a hacer el tour Mont Blanc, al menos podríamos ver el Mont Blanc.

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Tardamos nuestras buenas dos horas para llegar hasta Chamonix, donde Einigen había pasado prácticamente una semana antes de que llegáramos, preparándose para el ascenso al Montblanc. Así que cuando llegamos, Einigen nos hizo de guía en primer lugar por los restaurantes, ya que era hora de comer, y nos llevó a uno de hamburguesas bastante fino, al final de la calle principal. Fuimos al hotel a echar una pequeña siesta , tras la cual, Unaiguille quería ver tiendas de deporte y montaña, que como es de esperar, proliferan en Chamonix.

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El Montblanc estaba siempre presente, a lo lejos, mientras íbamos de tienda en tienda viendo los múltiples y caros chismes que uno puede comprarse para ir al monte. Después de horas de visitas, las compras se redujeron a un arnés. Aunque nos aprendimos hasta los nuevos modelos de chupas antiagua- antiviento-antifrio-antiperros de las marcas más conocidas y las menos. Por qué no visitamos Mamut ahora? hum he visto que allí está North Face! Y así.

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Al final nos sentamos en una terraza que estaba justo en frente del sitio en el que habíamos comido y en la que las birras entraron muy bien mientras una banda que tocaba una especie de versiones funk de temazos amenizaba la tarde. Esperando ver el concierto entero, estuvimos allí un buen rato, pero el concierto seguía y seguía y nosotros nos fuimos a dar un garbeo por Chamonix, para ver nuevas perspectivas del Montblanc.

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Cuando volvimos del paseo, la banda seguía tocando. Llevaba 3 horas. Hacía hambre así que decidimos acercarnos a un italiano molto raccomandato que Einigen había probado y quería volver. Había una cola considerable así que tuvimos que esperar cerca de una hora, durante la cual dimos vueltas por Chamonix, mientras la banda seguía tocando. No podían quedarles muchos temas… Al fin se hizo un hueco en la pizzeria des Moulins, donde tuvimos que esperar otros buenos 45 minutos para que nos dieran las pizzas. Que eran bocatto di cardinale, pero que con el hambre que teníamos para entonces no llegamos ni a saborearlas.

Cuando salíamos, increíblemente, la banda seguía tocando, y llevaba ya para 5 horas. Hay que tener repertorio, energía y ganas.

Nosotros nos fuimos al hotel, ya que al día siguiente subiríamos lo más cerca posible del Montblanc.

23 Feb

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 6: Scooterín de juguete

El día 6 era el día de conocer Adelboden. ¿Qué nos ofrecía aquella región, además de las mofas de Frutigen (se llama Bart!)? Teníamos un montón de picos por todas partes, cuyo ascenso era algo peliagudo para mi pierna, pero para eso estaban los telesillas. Adelboden es una super estación de ski en invierno, y toda la infraestructura del ski se aprovecha también en verano. 2015-08-08 10.34.52 2015-08-08 10.43.17

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Una de las actividades más frecuentes en la zona (y por lo visto en toda Suiza) era el parapente, algo que seguíamos barajando Unaiguille y yo, pero no habíamos fijado todavía el momento. Hoy era un posible día para darle al tema. En cualquier caso, después de un desayuno al sol adelbodiense, cogimos el telesilla para subir al pico más alto alcanzable por ese medio: Sillerenbühl. Desde este piquito de sólo 500 metros de altitud se podían observar todas las cordilleras que nos rodeaban.

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Otra cosa interesante que se podía hacer era alquilar lo que los locales llamaban scooters, una especie de patinetes con ruedas de bici, que es lo que habíamos subido a coger, y cuyo nombre me recordaba al scooterin de juguete de fry. Igual estaba cojo para subir al monte, pero podía dejarme caer por una cuesta de 11 kilómetros montado en una especie de patinete que cogía velocidades de vértigo. Sí, definitivamente eso es lo que íbamos a hacer.

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Desde que Einigen se dejó bigote, se propuso salir super serio en todas las fotos. Lo consiguió, para la mayoría.

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La bajada, aun por una pista que ellos llamaban negra y que teóricamente era muy compleja, era una maravilla. No se cogían velocidades tan altas como parecía, e incluso había un par de tramos en los que había que dar pedal para subir la cuesta. Molaba bastante el scooter este, y casi daba pena acabar el recorrido.DSCF4354 DSCF4356

En la última parte atravesábamos un pueblecito con las impresionantes vistas combo de monte-campa-casitademadera.DSCF4358 DSCF4361

Para cuando hubimos llegado abajo del todo, era casi mediodía. Nos fuimos a casa a comer y echarnos un poco la siesta. Vagancia máxima. Al levantarnos llamamos a los tipos de los parapentes, pero al parecer estaba complicándose porque se había levantado viento. Hasta ahora no habíamos visto ni un día de mal tiempo en Suiza, todo sol espectacular, pero era cierto que la tarse se estaba revolviendo. Nos dijeron que podíamos volver a intentarlo al día siguiente. Como no teníamos plan (es lo que tiene el improvising Switzerland, que es improvising), nos improvisamos el ascenso a lago cercano que estaba recomendado. Se trataba del Oeschinensee: un monte al que se le había caído un cacho de pared y en el hueco que había quedado se había formado un lago al que los suizos iban a hacer barbacoas y bañarse, como si fuera una playa. Tuvimos que ir hasta Kandersteg, a unos pocos kilómetros de Adelboden, y coger un teleférico. Podíamos subir andando, pero se nos iba a hacer de noche. Así que teleférico.

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Ya en la punta había un bonito paseo con vacas y vistas al Inerer Fisistock, en primer plano, y al Balmhorn, de fondo, una de las cimas más altas de los Alpes Berneses. Aunque hacía bastante bueno, después de los 30 minutos de paso, llegamos al lago con una tarde parduzca, como ya habían adelantado los del parapente. Empezaban a asomarse  nubes y caer algunas gotas. La vista del lago era impresionante, con el Bluemlisalphorn de fondo, otro pico de más de 3600 metros.

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En el lago había una especie de playa de piedras que recorría todo su lateral hasta la base de la montaña, y en la que había algunos grupos acampando, haciendo hogueras y pescando (!). Recorrimos TOOOODA la playa de piedras tirando piedras al lago intentando hacer ranas, o intentando emular al viejo Shyam, de Nepal, que tiraba una piedra al aire e intentaba impactarla con otra piedra. DSCF4373 DSCF4376

Tuvimos un par de level-ups en la cuestión de las piedras: salíamos de un nivel muy bajo y practicamos mucho. Pero al final, toda expertización fue irrelevante cuando empezamos a ver que se ponía a llover.  No habíamos cogido entradas para el teleférico de bajada, y eran bastante caras, así que nos esperaba una bajada de la montaña a pie, bajo una posible tormenta.

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Empezamos a bajar hacia el valle y en menos de una hora estábamos de nuevo en la estación de teleféricos. Tampoco había llovido tanto, pero la cosa se iba a poner mucho peor. Nos arrastramos hacia el bar con wifi de Adelboden, donde exprimimos las últimas rayas de batería en dejar de comunicarnos entre nosotros. Después cena casera, partida de Monopoly, muchos “es incrrrreible” de Einigen, que volvió a perder miserablemente, y acabamos deslizándonos lentamente hacia el sofá para ver un cutreprograma de talentos que ponían en TVE1, el único español que se veía en la cabaña. El programa era bochornosamente malo, pero Santiago Segura era parte del jurado y estaba dando cera a todo cristo (especialmente a sus compañeros de jurado) de forma hilarante, así que básicamente nos quedamos hasta el final para ver cada actuación estelar de Segura.

Nos dieron la una. A ver qué hacíamos mañana.

02 Feb

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 5: Al Thun Thun

Goce. Levantarte en tu cabaña de madera bajo un montón de edredones de plumas, abrir la cortina y ver esto:

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Pusimos el zumo, los cereales, el café, abrimos las ventanas, y tras un desayuno amenizado por los pajarillos, nos dispusimos a arrancar. Tocaba Thun, un pequeño y bonito pueblo a unos 50 km de Adelboden, que lindaba (y daba nombre) al Thunersee, uno de los dos grandes lagos entre los que se encuentra Interlaken, quizá la ciudad más conocida de esta zona. Hicimos una compra hiper rápida a fin de hacernos bocatas y no tener que tirar de prohibitivos restaurantes, y salimos hacia Thun, pasando por Frutigen (se llama Bart!). DSCF4293

Era muy pronto pero ya hacía un calor insoportable en Thun. Los veranos calurosos en el centro de Europa son insufribles. A pesar de estar junto al lago y de que un río bastante grande con agua de los alpes cruzaba la ciudad, calentaba bien. Estuvimos viendo el centro, que era agradable y bonito pero no tenía mucho más allá de las mil tiendas de relojes y recuerdos suizos con vacas y navajas. El principal atractivo de Thun es el castillo, al que subimos bajo el sol implacable, pero no llegamos a entrar, era bastante caro. Hicimos las fotos de rigor y volvimos a bajar hacia el centro, donde estaban preparando algún tipo de festival con el que no parecía que estuviéramos sincronizados. DSCF4296 DSCF4298 DSCF4305 DSCF4311 DSCF4312 DSCF4314

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Tengo seeed

Con tanto calor y sin mucho que hacer (ni fuentes de las que beber, porque los grifos estaban lejísimos del borde!), seguimos nuestra ruta por el lago para ir a parar a una pequeña “cala” unos kilómetros más adelante, un cuadradito de hierba frente a una zona de arena y una plataforma flotante donde muchos suizos habían ido a echar el día, poniéndose a remojo para aliviar el calor. Allí pudimos comer nuestros bocatas y refrescarnos, y hacer el mono en la plataforma. El lago Thunersee podría estar mucho más explotado en cuanto a playas, pero lo usan mucho más para pequeñas embarcaciones, así que nos costó bastante encontrar esta playita y en el resto del día sólo vimos otra más, cerca de Spiez.

A Spiez fuimos, precisamente, después del chapuzón, la comida, el helado y la digestión. Spiez sale también en las guías turísticas, pero si no eres un turista local con su barco y su apartamento reservado para toda la temporada, tampoco es que tenga mucha historia. Eso sí, tenía una iglesia en lo alto de un montículo que ofrecía unas vistas tremendas del lago, y que era un sitio bastante óptimo para casarse, como de hecho estaba pasando en ese momento. DSCF4326 DSCF4327 DSCF4330 DSCF4333

Sin mucho más que ver, seguimos hacia Interlaken, una de las ciudades más conocidas de Suiza, por su ski y deportes de invierno, por estar entre dos lagos, y al lado de dos grandes montañas, amén de bastante cerca de los tres picos que estaban empezando a obsesionar a Einigen: el Eiger, el Mönch y el Jungfrau (el ogro, el monje y la virgen (no sé por qué “mujer joven” se traduce por “virgen”, cosas de calvinistas, supongo)). Con esto en mente, Interlaken parecía una ciudad interesantísima. Al llegar veríamos que era más bien una especie de Benidorm de lujo estilo Trump. Estaba absolutamente tomada por chinos y árabes, y completamente entregada al turismo de pasta pero chabacano, como los chinos y los árabes. Bares horteras, tiendas de relojes cutres (mira que podían tener relojes molones), y calor, mucho calor. El calor era asfixiante, y como no vimos gran cosa para hacer por el centro decidimos acercarnos a uno de los dos lagos que dan nombre a la ciudad. Miramos el mapa, y el más cercano era Thunersee. Nos pusimos a andar, y una hora después estábamos a mitad de camino. Con aquel calor, decidimos darnos la vuelta, era la muerte seguir andando por allí.

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Unaiguille tenía los dientes largos con los miles de parapentistas que no dejaban de caer desde la montaña más cercana. Estuvimos mirando un buen rato como iban aterrizando, pero tras enterarnos del precio nos largamos de vuelta a Adelboden.

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Hubo un super atasco en la carretera del lago, la que nos llevaba a casa en menos de una hora. Nos dimos la vuelta y volvimos por el lado contrario del lago, que tiene una carretera mucho más estrecha y lenta, pero con unas vistas muchísimo mejores, así que tardamos nuestras buenas dos horas en volver. Después de la ansiada cerveza con wifi, nos fuimos a cenar a casa, donde echamos nuestra primera partida de monopoly en el móvil de Unaiguille. La frase más repetida fue “es incrrrreible”, que Einigen pronunciaba cada vez que una tirada le salía mal, algo bastante habitual :D

25 Ene

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 4: Adelboden

Amaneció en Ginebra, esta vez sin rezos, aunque con otras molestias por parte del francés. En cualquier caso nos avalanzamos sobre el completo desayuno del hostel para largarnos de la condenada Ginebra. Nuestro destino era Adelboden, un micropueblo perdido en los Alpes. En nuestra improvisación de viaje habíamos decidido poner en algún sitio “a-mano-de-todo” nuestro campamento base, para después movernos por allí. Volvimos a recorrer todo el lago Leman para llegar a Montreux, en su extremo oriental, y desviarnos hacia el sur. No tardaríamos en llegar a Frutigen, un pueblo que parecía vivir de la madera y la agricultura que estaba un poco antes de Adelboden. Frutigen trajo innumerables mofas a nuestro viaje cuando nos acordamos del capítulo de los Simpson en el que conocían a Brad Goodman y Bart le decía que se llamaba Rutiger, y después Marge le corregía.
Cada vez que pasábamos por Frutigen, Einigen y yo repetíamos varias veces el diálogo, imitando la voz de Brad Goodman :D

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En finx, a medio día, tras pasar por Frutigen,  llegamos al pueblo de Adelboden, pequeño, con muchas cuestas y rodeado de super montañas  y estaciones de esquí. En invierno esto debería ser el máximo goce, como podíamos ver en las fauces salivantes de Unaiguille, que ya tenía hambre, pero además tenía hambre de esquiar. Paramos en la parte inferior del pueblo para buscar al tipo que nos alquilaba la casa. Nos dio todo el material y unas indicaciones para llegar, y nos informó de que no había wifi en la casa. Terrible. Suiza es el tercer país con más ancho de banda del mundo, sólo por detrás de Corea y Japón. Y aun así, en la casa en la que íbamos a pasar casi todas nustras vacaciones no había wifi. Era como volver al campo base del Everest: montaña y desconexión absoluta. ¿Nos acabaríamos volviendo locos como Jack Torrance? Para asegurarnos de que no, según salimos de allí fuimos al super a aprovisionarnos de comida y cerveza.  La idea era hacer al menos una de las dos comidas en casa, ya que comer fuera siempre era una locura.

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La casa de madera de Adelboden se salía. Estaba en medio de la nada, al final del pueblo, rodeada de abetos y con unas increíbles vistas del Rindenhorn y el Daubenhorn, importantes picos de los Alpes berneses. Tenía sitio para 6 personas y era extremadamente acogedora, con una gran terraza al estilo suizo, y con una familia de ardillas viviendo en los árboles cercanos, que nos cruzamos un par de veces. Pero no tenía wifi. Nos hicimos la comida y después estuvimos planificando las actividades que podríamos tener los próximos días. Teníamos cerca la famosa Thun, e Interlaken, y sin hacer muchos kilómetros podíamos llegar a Berna. En los montes de alrededor había todo tipo de actividades de aventura, desde una especie de patines con ruedas de bici que llamaban scooter, con los que bajabas a toda piña desde algún monte cercano, hasta parapente. Había cientos de parapentes cayendo constantemente. Unaiguille salivaba. En cualquier caso, la tarde del día 4 decidimos quedarnos cerca e ir a la cascada de Enstligen, hacia la que había un paseíto por el valle, que nos haría recordar nuestros buenos tiempos de hobbits en Islandia.

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El paseo hasta Enstligen era muy agradable, junto al arroyo y primero por los campos del valle y después por un bosque. El bosque fue el lugar adecuado para poner a prueba las intuiciones sobre la competición que habíamos visto el día anterior: 2 minutos eran demasiado tiempo para estar colgado como un chorizo. Unaiguille se colgó de una rama, que proporciona bastante más grip que una barra de metal que gira, y aguantó cerca de un minuto. Einigen, con su background escalador aguantó más, pero falló al de un minuto cuarenta. Esos 20 segundos se le habrían hecho eternos, aunque dijo que de haber conocido cuánto tiempo le quedaba podría haberlo conseguido.

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Al cabo de hora y media llegamos a la cascada de Enstligen, bastante grande, de hecho era la más grande de nosédonde, y nos echamos unas fotos. Esto de las cascadas más grandes de nosedonde es un clásico. Allá donde vamos cada verano hay alguna cascada que es la más grande de blablablá. Para toda masa de agua que cae es posible determinar un entorno de restricciones para el que, siempre que no te salgas de ese entorno, la cascada es la más grande. En realidad, cualquier cosa que no sea la cascada más grande del mundo parece que en realidad tampoco tiene mucho mérito. También surgió de nuevo el tema de las cascadas vs. cataratas. Probablemente nunca llegaremos a un acuerdo sobre la diferencia entre ambas (aunque sea algo tan evidente: las cataratas Victoria no son las cascadas Victoria, casi suena a risa)

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Subimos a la parte alta de la cascada (yo renqueando como un perro, con mi rotura de fibras, prácticamente tuve que subir a la pata coja) y nos mojamos abundantemente. Cuando empezó a caer la noche tiramos hacia Adelboden, a tomar unas birrillas en el único bar del pueblo, que además proporcionaba la ansiadísima conexión wifi.

DEspués de unas birrillas y ponernos al día con todos nuestros contactos, salimos hacia nuestra casita de madera, donde podríamos cenar por menos de 200 euros.

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La noche en Adelboden era fresca y forestal. Y mañana sería otro día.

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