13 Jun

Vietnam y Camboya, Episodio 13: Ha Long, Farewell, Auf wiedersehen, Goodbye

Era nuestro último día en Vietnam y lo íbamos a aprovechar para ver la bahía de Ha Long. El plan era fundamentalmente una mierda. Lo bonito de la bahía de Ha Long, ya que está a 4 horas de Hanoi, por lo tanto a 8 ir y volver, es ir un día tranquilamente, dormir en un barco, y amanecer en la bahía. Ese plan había muerto por el tifón de los primeros días. Ahora sólo podíamos hacer un plan de día, que consistía en madrugar un montón, y pasar en Ha Long unas 4 o 5 horas, ya que las 8 de trayecto condicionaban bastante. Pagamos 35 dólares por esta visita, lo cual nos inspiraba timo, pero echando la vista atrás, la verdad es que tampoco parece tan caro y no sé si habrá muchas agencias que lo hagan por menos. Se puede contratar en cualquier sitio y generalmente tienen el mismo precio siempre.

Nuevamente nos vimos en una furgoneta con un nuevo guía del que tampoco recuerdo nombre(probablemente sería algo como snake, puma, wind of sorrow o alguna flipada así), pero por razones que luego explicaré, pasará a llamarse “Ekiusmi”. En la furgo coincidimos con spanish scum, que hacía tiempo que no veíamos. Iñiguyen se hizo bastante colega de una de las chicas de hecho, arrancándose a hablar como nunca le habíamos visto.

porque sí

porque sí

El viaje a Ha Long fue tranquilo, casi sin paradas (salvo una mega-área de servicio en la que nos bajaron para que gastáramos, que también tenía alguna relación con el agente naranja, víctimas y blablabla).  Ekiusmi nos iba dando datos clave del país como las exportaciones de arroz, el PIB, la comparativa con Tailandia o Laos, lo malvados que son los vecinos y los organismos capitalistas etc. Cada vez que alguien dejaba de prestar atención durante un nanosegundo, el tipo empezaba a decir “ekiusmi, ekiuuusmiiii” (excuse me) para que le prestáramos nuestra más completa y absoluta atención. Era el divo del turismo guiado y necesitaba atención perpetua. Si yo iba con los cascos puestos me hacía quitármelos. Si hablaba un poco me lanzaba una mirada fulminante. Ekiusmi era el epicentro de la minivan.  4 horas de protagonismo desaforado de Ekiusmi después llegamos al futuro Benidorm. Ha Long es, como dirían los estirados, un “enclave privilegiado”. Playas enormes, con la vista de las rocas aleatorias emergiendo del mar. En tierra puedo imaginar que hace 10 años no habría absolutamente nada, un par de restaurantes y el resort que mueve las visitas. Ahora estaba en pleno ladrillazo propio de la manga del mar menor. Había miles de casas, hoteles, edificios recientemente construidos, y muchos más en construcción. Se ve venir. Esto mueve pasta, así que a megaurbanizar, hagamos resorts gigantes para los turistas chinos, que se compren su casa en la costa vietnamita. La españa de los 60 está en Vietnam hoy en día. Pero aquí hay chinos en vez de suecas.

superpan de Carlong

superpan de HA Long proporcionada por Carlong

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El caso es que rápidamente nos montaron en un barco que nos llevaría por la bahía. El viaje corto sólo consistía en eso. La parte buena es que nos daban de comer en el barco y la comida era muy buena.

También se podía hacer el mono por allí

También se podía hacer el mono por allí

quiero una foto como la de Bayu

quiero una foto como la de Bayu

Así que estuvimos un rato navegando por la bahía con sus terribles vistas.

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Después de comer nos pararon en una especie de aldea flotante en la que podíamos coger unos kayak, que estaban incluidos en la visita, y hacer un pequeño tour a nuestro aire.

La aldea flotante

La aldea flotante

Estuvo bastante bien, aunque era un poco corto y la parte más bonita del tour estaba hasta las cartolas de turistas en sus kayaks.

La zona guay

La zona guay

Merecía la pena, sin embargo dedicarle una hora a kayakear por entre las rocas gigantes de Ha Long.

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Ahí nos despedimos de algunos de los compañeros de tour, que se quedaban a dormir (malditos sortudos). Y seguimos la ruta entre las caprichosas rocas emergentes.

Este no estaba kayakeando

Este no estaba kayakeando

Ekiusmi nos había dejado tranquilos pero en breve vendría el momento de lucimiento máximo.

Otros engañaos en excursión de día

Otros engañaos en excursión de día

REsulta que hace unos años un pescador fue atrapado en un tifón en la bahía. El tifón le llevó a la cima de una de las islas, sin poder comunicarse con tierra ni nada. Así que el tipo estuvo indagando la isla para cobijarse, comer algo, beber… y encontró que estaba hueca! Había una supercueva dentro. Ése era nuestro siguiente destino.

Pasarela arbolada a la salida de la cueva

Pasarela arbolada a la salida de la cueva

El barco aparcó cerca de la entrada de la cueva, pero había que subir un tramo, que se hizo duro porque el calor era máximo. Por suerte la mayor parte de la subida era por dentro de la cueva, que estaba muy fresquita. Era una cueva muy vertical, básicamente la oquedad ocupaba toda la isla, y las islitas de Ha Long son casi pináculos.

Al entrar el la cueva volvimos a degustar las maravillas del buen gusto chino-vietnamita. Aquello parecía Las Vegas. Luces de colores, fuentes artificiales… Casi no se veía la piedra original, con las formaciones molonas que podía haber. La cueva estaba muy bien, había un recorrido interesante, por cavernas muy altas, con estalactitas y estalagmitas impresionantes.

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Sin embargo la habían maquillado estilo “escopeta de maquillar de Homer”. La visita estuvo bien, sobre todo por lo fresquito que se estaba, aunque también la insistencia de Ekiusmi diciéndonos constantemente “ekiusmi, zis… is…. ze dragon!” y señalaba una estalagmita dragón. “ekius… ekius… ekiusmi! zis is ze leidi!”… y así. Esta cueva creo que tiene el record del mundo de formaciones de piedra con nombre propio. Prácticamente a todo montículo o colgajo le habían encontrado una similitud con algo y lo habían bautizado.

por ahí seguro que había un dragón o una mujer.

por ahí seguro que había un dragón o una mujer.

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La cueva estaba a reventar de turistas pero se veía bastante bien. Al final, salimos en lo alto de la roca al calor abrasador y tuvimos que bajar poco a poco por una miniescalera.

el hueco por el que entró el pescador que descubrió la cueva. Y por el que salimos nosotros

el hueco por el que entró el pescador que descubrió la cueva. Y por el que salimos nosotros

Esta isla era terrible, era un pequeño paraíso, con su supercueva que conectaba lo más bajo de la roca con lo más alto, sus escaleras de madera precarias encima del mar, y su pequeño atracadero. Tenía pinta de tener hasta una cala en alguna esquina alejada de los barcos. Si estuviera en un país europeo sería un destino turístico habitual, conservado lo más natural y originalmente posible. En Vietnam era una pelandusca con exceso de maquillaje.

Después de la isla lagarterana seguimos el ajustado itinerario por entre islitas para volver a enfilar el puerto y atracar.

Mal o qué?

Mal o qué?

No era muy tarde, pero teníamos 4 horas hasta Hanoi, así que rápidamente volvimos al bus y disfrutamos de 4 horas sin “ekiusmis”, ya que el hombre estaba un poco harto de nosotros pasando de él.

Agur, HA Long

Agur, HA Long

Llegamos a Hanoi bastante tarde, pero no pudimos evitar ir a cenar a un sitio majo. REsulta que en una calle paralela a nuestro hotel había un restaurante con buena pinta que habíamos visto varias veces al pasar pero nunca nos habíamos parado. Aunque algunos se mantuvieron fieles a la comida china, otros nos empleamos a fondo con platos occidentales que supieron a gloria.

Para evitar un último timo, contratamos el coche al aeropuerto en el hotel con el tío Martin. Así que el timo en realidad quedó en casa, al menos le dimos el exceso de pasta a un conocido que abusó de nuestra confianza siempre que pudo.

Durísima vuelta

Durísima vuelta

El madrugón fue muy duro, teníamos el primer vuelo muy pronto en Hanoi. De allí iríamos a Helsinki, otra vez el aeropuerto ratonera. De Helsinki a Madrid nos trajo un piloto calvo con una barba hasta el ombligo, que cuando estábamos embarcando se puso a hacer muecas de gorila, inspirando gran confianza. Un tipo así en un avión es el típico que cuando petan los motores dice “voy a aterrizar este pájaro!!” Hubo unas turbulencias considerables en el trayecto, pero el barbudo daba seguridad.

Y al llegar a Madrid nos metieron la ultimate-clavada: como íbamos a un hotel junto al aeropuerto ir en metro era un poco lío porque había que bajar hasta el centro de madrid. Tampoco había otras alternativas que supiéramos, así que cogimos un taxi, que nos cobró nada más que 34 euros por un trayecto ridículamente corto!!! Toma crisis del sector taxi.

A esas alturas daba igual. Fuimos a cenar a un garito castizo donde no pudimos evitar pedir tostas de jamón en pan con aceite y cerveza nacional cutre. Perfecto.

Era hora de volver.

 

 

04 Jun

Vientam y Camboya, episodio 12: Túneles y metralletas

Ya no quedaba mucho para estar en Vietnam, pero quedaban algunas de las cosas más interesantes. El penúltimo día tocaba visitar Cu-Chi, y su museo basado en la red de túneles. Los famosos túneles de Cu-Chi estaban cerca de Saigon, y aunque no eran los únicos túneles de este tipo que había en Vietnam, sí que eran los únicos que habían abierto un museo para explotarlos comercialmente. Y no, esto no era una cuestión de memoria histórica, era una cuestión comercial; de otra manera no se explican los campos de tiro para disparar todo tipo de armas reales, incluidas las del ejército norteamericano. Digo york que si hubieran tenido un mínimo respeto por la memoria no habrían puesto esta atracción de feria, que por otra parte, era lo que más visitantes atraía.

Así que una vez más, muy pronto, vino a buscarnos un nuevo guía para ir en nuestra excursión habitual. De este guía no recuerdo el nombre, pero sí que a priori era más majo que los anteriores y no nos contó batallitas personales de superhéroe que no se creía nadie. El viaje a Cu-Chi es de algo más de dos horas, con lo que os podéis imaginar que no está a más de 50 km.

Nada más llegar descubrimos el defecto del guía (todos tienen un defecto, si no son en sí mismos un superdefecto de persona): era un estresado y había que hacer todo rápido y en el momento que él dijera. Nos instó a que fuéramos al baño. Sí o sí. Aunque no tuviéramos ganas.

Así que nada, fuimos al baño, y empezó una visita que podría haber sido muy interesante, pero que fue a toda piña intentando no perder al guía de vista.

En la visita te explican muy brevemente el origen de los túneles. Lo que parece que es un poco desconocido por la gente occidental (especialmente por los jóvenes que no vivimos durante la guerra de Vietnam), es que había dos Vietnams, la del Norte y la del Sur, y mientras la del Norte era comunista, la del sur se alineó con occidente, un poco parecido a las dos Coreas de ahora, aunque sin enanos dictadores. Precisamente esta división, y el miedo a que la Vietnam del norte metiera morro en la del sur, expandiendo el “demonio del comunismo” al importante referente del sudeste asiático que era Saigon, fue lo que llevó a los yanquis a meter las zarpas por allí. Así que aunque el norte recibió lo suyo, en el sur se dieron las tortas más gordas y excesivas. Y en el sur fue donde se organizó la guerra de guerrillas más cruenta, donde más agente naranja se echó, etc. El norte atacaba al sur, y allí estaban los americanos. Lío.

Un tanque capturado y conservado con orgullo

Un tanque capturado y conservado con orgullo

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Así que el Vietcong, que era una especie de EZLN pero vietnamita,  preparó la pedazo de red de túneles alrededor de Saigon, desde donde lanzaban las pequeñas ofensivas de guerrilla, atacaban por sorpresa, y se ocultaban. Pero no sólo eso, también vivían allí, tenían hospitales, redes de transporte de comida, etc. Es increíble que esto fuera así en unos túneles en los que un occidental apenas cabe por la parte de los hombros. Nos contaron que por ejemplo, para cocinar, lo hacían cuando había niebla fuera, ya que tenían que dejar que el humo saliera de los túneles, y tenía que ser algo discreto. Así que básicamente cocinaban una vez al día, con suerte.

Alrededor de los túneles había chabolas sumergidas: en vez de construir una casa y ponerle un tejado, hacían un agujero en la tierra de 6×6 y le ponían un tejado al agujero, de forma que si ibas andando a nivel de suelo, de repente había una especie de montículo de paja, que si te asomabas dentro veías que era toda una casa con su mobiliario, pero estaba en el subsuelo.

Entrada a la chabola sumergida. Muchas conectaban con túneles

Entrada a la chabola sumergida. Muchas conectaban con túneles

DEsde el cielo no se apreciaba nada, al confundirse con la jungla, y esa era su principal ventaja (y la principal razón por la que echaron el defoliante que luego se cargó a tanta peña). Estas chabolas sumergidas se utilizaban como museo ahora, pero nos explicaron que eran los “hospitales” de la guerrilla, o los sitios donde cogían proyectiles sin explotar americanos y los desmontaban para coger su material explosivo y hacer unos nuevos. Lógicamente, muchos explotaban mientras los manipulaban.

Agujero típico

Agujero típico

 

Además había agujeros tapados en los que se metían y de repente salían por detrás del enemigo y le disparaban, estaban las trampas, que eran una salvajada.

SORPRESA! pañum!

SORPRESA! pañum!

Es perfectamente comprensible que los soldados americanos se volvieran completamente locos, en perpetua paranoia, ya que tal como decían en las pelis, el enemigo estaba por todas partes.

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En cualquier momento podían caer en una trampa, que no les iba a matar, pero sí a desfigurar terriblemente. Y de pronto podía salir un charlie del suelo y pegarte un tiro. Por cierto, nos contaron también de dónde sale eso de charlie: como eran el vietcong, se referían a ellos como VC, que en código de radio es “Victor Charlie”. De ahí, con la tendencia yanqui a simplificarlo todo, charlie. De esa locura y desesperación, a justificar el uso de napalm y agente naranja hay un paso.

Después de ver someramente los túneles nos llevaron a echar unos tiros a la caseta de tiro. Esto era una turistada asquerosa, pero lo más interesante era saber la relevancia que tuvo la Ak47 en la guerra: a parte de ser un arma que no se estropea con el agua, el barro, y que dispara casi en cualquier situación, algo muy importante para la guerra de guerrillas es que el sonido que provoca es mucho más difícil de ubicar. Por lo visto, cuando los soldados americanos disparaban sus m14 y m16, revelaban sus posiciones, pero el sonido de la AK genera un eco confuso mucho más difícil de localizar.

aquí mi fusil, aquí mi pistola...

aquí mi fusil, aquí mi pistola…

Tras los tiros, en los que se descubre el salvaje retroceso de estas armas (menudos hombros tenían que tener), y el ruido sobradísimo que hacen, nos llevaron a “probar” los túneles. El guía, estresado como siempre, cogió y se metió, delante, sin esperar a nadie. El tipo simplemente cogió y tiró palante. Parece que no se dio cuenta de que varios de nosotros (incluidos unos americanos), nos habíamos quedado atrás en los tiros,  y entramos un poco más tarde que él en los túneles.

Entrada al túnel

Entrada al túnel

Pero es que los túneles eran una de las situaciones más agobiantes en las que he estado: medían un metro de alto, por lo que había que ir en cuclillas. El ancho sería de unos 60-70 centímetros por lo que encogido. No había luz. Y no se veía el final. Pero lo peor: estaba TODO el mundo allí. Por delante tenías 200 turistas en fila, y por detrás otros 200. Si te daba el yuyu no podías salir, no podías hacer nada, lo cual sólo contribuía al yuyu. De repente alguien 200 metros más adelante se paraba a hacerse una foto. Nadie lo veía, pero de repente la fila se había parado. Y no se podía hacer nada. Anduvimos un buen rato por los túneles y en cuanto vimos una salida, salimos. Respirar aire normal, de repente era todo un lujo. El problema es que no sabíamos donde estaba el guía ni el resto del grupo. Conociéndolo, y sabiendo que el día anterior un guía había dejado atrás a unos chinos por descolgarse del grupo, nos apresuramos hacia la salida. Sin ver a nadie de nuestro grupo, ni al guía empezamos a estar tensos, cuando de repente, en una de las chabolas sumergidas vimos al grupo entero pinchándose una peli de la guerra. Respiramos aliviados y nos metimos con ellos. Poco después llegaron otros rezagados, que respiraron igualmente aliviados. Se sabían el percal vietnamita: si te pierdes estás perdido.

Cuando salimos de allí fuimos directos al bus para volver a Saigon. La visita a Cu-Chi no dura más de 2 horas, con los guías estresaos, pero podría dar para mucho más con un buen guía. De todas formas, merece la pena (mucho más que el Mekong), aun con malos guías se aprenden muchas cosas sobre la guerra.

Nada más llegar a Saigon supimos que muy cerca de donde nos dejó el bus estaba el museo de la guerra, una visita obligada de la ciudad de Ho Chi Minh. Sin perder más tiempo fuimos a comer a un sitio de bocatas bastante occidental que había junto al museo, comimos rápidamente y entramos.

En la parte de fuera hay bastante maquinaria militar. Aviones, helicópteros, tanques, piezas de artillería, y vehículos de todo tipo que impresionan bastante. La mayoría son americanos capturados, aunque había también algunos vietnamitas.

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Pero dentro del museo hay cosas más sorprendentes. Hay una planta dedicada a los fotógrafos de guerra que recoge impresionantes e impactantes fotografías de aquella época. También hay una zona explicativa que recoge toda la información del conflicto, dónde cayó la del pulpo, que armamento y munición se utilizó, y quiénes fueron los más perjudicados. Había mapas explicativos, cartas enviadas por dirigentes, héroes vietnamitas, etc.

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Por último había una planta dedicada al agente naranja y sus víctimas, de ambos bandos, porque los yanquis lo rociaron sin criterio. El agente naranja era un defoliante, un químico cuyo objetivo no era matar, si no quitar las hojas de la espesa jungla para que no se escondieran allí los guerrilleros (también tenía un objetivo más estratégico de acabar con el campo vietnamita y obligar a la población rural a ir a las ciudades, que estaban controladas por los yanquis, y así quitaban el apoyo de esta gente a la guerrilla). Como lo echaron sin medida, cayó sobre población civil, soldados americanos, guerrilleros y sobre todo bicho viviente. La gente a la que le caía directamente quedaba jodida: problemas de respiración, cáncer, etc. Pero lo peor fue la generación siguiente, en la que empezaban a aparecer mutaciones y malformaciones. Al final, hay muchísimas personas que hoy en día, casi 50 años después siguen sufriendo sus efectos, en Vietnam y en Estados Unidos. Así que lo que se podía ver en esta planta, además de mucha información muy interesante de la mala fe combinada con negligencia con la que se utilizó este herbicida, eran fotos de víctimas, por lo que era bastante impactante. Aunque es importante no perdérselo.

Cuando salimos estábamos un poco impactados. Queríamos ver una peli, siguiendo las tradiciones de los viajes, pero fuimos a un cine cercano a nuestro hotel y vimos que las sesiones que había no tenían nada que ver con lo que figuraba en su página web. No nos daba tiempo. Buscamos otro cine en un centro comercial, pero tampoco hubo éxito: sólo podíamos ver en inglés “los pitufos 2”, así que no motivaba. En seguida nos centramos en un nuevo objetivo: encontrar una super terraza para tomarse un cacharro. En Saigon hay muchos rascacielos en los que hay terrazas espectaculares con buenas vistas para tomar zumitos, y teníamos que probar eso. Estuvimos un buen rato andando de rascacielos en rascacielos, sin éxito. Finalmente llegamos a uno que tenía muy buena pinta. La terraza estaba en un piso 42 y estaba un poco alejado, por lo que tendríamos vistas de todo el centro. Cuando llegamos arriba, se puso a llover como si no hubiera llovido nunca, y nos dijeron que sólo podían acomodarnos dentro. Eso no tenía interés, así que seguimos vagando por el centro hasta que casi cuando la fe estaba perdida encontramos el hotel Sheraton, que tenía una señora terraza, que estaba al aire libre, pero a la vez tapada. Allí fuimos a tomarnos nuestro últimos zumos de Saigon. Y echamos buena parte de la tarde contemplando las vistas brutales de la terraza (y pensando lo que podría haber sido alojarse allí).

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Cuando no hubo más que hacer por la terraza salimos en búsqueda de un restaurante para cenar algo un poco más vietnamita que los bocatas de la mañana. Lo conseguimos por el barrio antiguo donde estaba el hotel Nguyen Khang. Después, mientras Iñiguyen y Car-long se quedaban en otro rascacielos que había una superfiesta en la terraza, nosotros nos fuimos al hotel. El siguiente día teníamos unas cuántas compras pendientes antes de volver a Hanoi

Por la mañana las caras lo decían todo. Sin embargo tras el reponedor desayuno del hotel Sunflower, nos dirigimos al mercado gigante de Saigon, uno de sus principales atractivos turísticos, que estaba lleno de gente, locales y foráneos, como no podía ser de otra manera.

En el mercado había de todo: artesanía, turistadas, comida, bebida, frescos, dulces, ropa nueva, ropa vieja… Así que echamos un buen rato con las compras, ya que básicamente eran las compras de todo el viaje. Cuando salimos la reventada era máxima, así que nos fuimos a un starbucks cercano donde estuvimos lo que nos quedaba de mañana, con cafés y pastelitos de colores.

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burrarrum

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Después de aquello volvimos al Sunflower hotel, donde nos conseguirían un taxi pre-pagado al aeropuerto. No queríamos ningún tipo de aleatoriedad en la tarifa, así que acordamos una y lo pagamos de antemano. El taxista se comportó de forma correctísima, sabiendo que no tenía nada que ganar adicional.

Volábamos a Hanoi, para volver al maldito hotel de Tony, que seguramente prepararía una nueva timada para colarnos.

Ya en Hanoi, intentamos ir a un punto de información que nos consiguiera un taxi limpio para llevarnos al centro. Increíble: en el aeropuerto de Hanoi NO HAY puntos de información. O al menos no como los conocemos aquí. Porque en realidad hay unos cuantos kioskos de información pero todos pertenecen a compañías de viajes, por lo que te intentan colar el trayecto por 60 dólares!!!! Se creían que éramos pipiolos aquí, pero no. Así que salimos a enfrentarnos con los malditos taxistas a precio cerrado. Conseguimos que nos acercaran al centro por 20 dólares, que siendo caro, era un precio más o menos ajustado a los timos habituales.

Al llegar, dejamos todo en el cutrehotel, con la bienvenida de Tony, y contratamos el viaje a la bahía de Halong que se nos había estropeado el primer día. Sería un viaje de un día, perdiendo gran parte del encanto, pero no quedaba otra. Nos fuimos a cenar por el centro. Qué recuerdos. Hanoi era ahora como nuestra casa. Antes de ir a la cama, tomamos una en una de las terrazas que había de camino. Hanoi era agradable después de todo, si sabías adónde ir.

Mañana era el último día y teníamos 4 horas de bus hasta Halong. Nuevo viaje organizado. Tocaba descansar.

 

 

25 May

Vietnam y Camboya episodio 11: Saigon para turistoides

Están los viajeros, que viajan. Y luego están los turistoides, que turistean. Vietnam es un país para turistoides; prácticamente no hay opciones de hacer nada que no esté supervisado y guiado por uno o varios vietnamitas. Si sumamos a eso la particular visión de la vida de los vietnamitas, que parece sacada de las pelis americanas de los años 80: dinero, lujo cutre, e individualismo for the win, hacen que visitar Vietnam sólo sea recomendable para los más posturistas (de postureo, no de turista de vanguardia)

Saigon es una ciudad un poco más occidental que el resto de Vietnam, pero en cuanto quieres hacer cualquier cosa que se salga de simplemente andar por las aceras o entrar en los comercios o restaurantes, ya necesitas un guía. Así que si quieres ir al delta del Mekong tienes que contratar un tour, lo cual suele implicar un guía que va de guay, unos compañeros de tour chinos que dan por el saco, y unos horarios ultradefinidos de los que no te puedes salir.

Así que nos levantamos pronto en el hotel Sunflower, muy recomendable por cierto, y tras un desayuno muy decente, cogimos la furgoneta de nuestro tour organizado al Mekong. Nuestro guía de hoy se llamaba Tiger (eso decía), y aunque nos contó algunos detalles mínimamente interesantes sobre Vietnam (probablemente la mayoría inventados, ya que sólo ensalzaban la patria y ponían a caldo a las patrias de alrededor), nos empezó a contar una historieta personal irrelevante, llena de fantochadas. Lo peor es que no nos dejaba no-escuchar. Si dejabas de prestar atención te increpaba. Pero qué te habías creído!

También nos contó algunos datos interesantes y probablemente sesgados sobre las víctimas del angente naranja y cómo habían aprovechado los sitios ultraturísticos como éste al que íbamos para ponerlas a trabajar allí a vender artesanía y sacarse unos duros. Sí señor, eso es estado de bienestar proporcionado por una república socialista, y lo demás son chorradas. Asiáticos y socialismo, ese mito.

El mekong es gordo

3 horas de furgoneta después, estábamos llegando al delta del Mekong, que está realmente cerca de Saigon, pero así de dura es la vida, tardas 3 horas en llegar. Ahí el guía empezó a contarnos la batalla de que éramos unos blandos por no haber madrugado a muerte (en plan a las 4 de la mañana), ya que el mercado guay que hay en el delta del Mekong es muy pronto, a las 7 o las 8. A las 11 que llegamos nosotros ya no había nada, así que básicamente habíamos viajado 3 horas en furgoneta con Tiger para ir en barquito por un río.

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Ramal pequeño

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Ramal con ramas

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No es un río cualquiera de todas formas, el Mekong nace en el Himalaya y 4900 km después desemboca en el mar. Es como si hubiera un río que naciera en Moscú y desembocara en Bilbao.


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_MG_7561 _MG_7551 _MG_7554De hecho cuando estuvimos en Tibet, pasamos por al lado del Mekong, si no recuerdo mal. Así que es un super río, que tiene un motón de campos de fútbol (medida estándar de longitud) de orilla a orilla, y una fuerza salvaje en el caudal. Pero lo interesante es venir al mercado flotante, del que ya sólo quedaban restos de coles por el agua. Así que nos metieron como a ganado en una barca, recorrimos unos cuantos kilómetros, y nos desembarcaron para ir a ver un centro de producción de tortitas de arroz inflado.

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muy limpito todo

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también fabricaban tofes

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La visita incluía un té!

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Nos llevaron a todo meter por el sitio, viendo cómo hacían artesanalmente el tema e intentando quedar cool siempre, el maldito Tiger. Después nos llevaron a comer a un sitio un poco cutre, pero que tenía hamacas.

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un poco de pollo mojao, arroz blanco, cuatro vainas y unas bolas de pinchos.

Así que nos dieron la ración de comida  exigua, y después nos propusieron coger unas bicis para ver el paisaje y blablabla. 45 grados. Hamacas. Acabo de comer. Y quieres que coja una bici?  Carlong la cogió contra todo pronóstico.

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Con agarre.

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Tenía su cierto encanto

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Aunque no le daría tiempo a mucho, porque como en todo tour guiado, el tiempo estaba ultralimitado a 40 minutos.

Allí nos separaron. Había algunos que se quedaban a pasar la noche para ver el mercado flotante al amanecer y otros nos íbamos a Saigon. Aquí es donde Tiger se empezó a liar un poco con quién era de su grupo y quién no.

Venga, que vengan los pringadets

Venga, que vengan los pringadets

Después de aquello, bajo la solana más abrasadora a los que quedábamos, nos hicieron un paseíllo en barquitas con tipos remando, y un sombrero vietnamita, turistoide al máximo.

 

Nuestro "driver"

Nuestro “driver”

Iñiguyen concentrao

Iñiguyen concentrao

turisteo

turisteo

El paseo, al margen del calor propio de la sala de máquinas del infierno, estuvo interesante, fuimos por pequeños canales entre árboles, y barcos grandes y no había injerencias de ningún guía en nuestras conversaciones.

 

todos pasamos por el aro

mmm.. qué tipo de parásitos albergará este sombrero?

todos todos

malditos perros occidentales…

No duró más de 45 minutos, de haberlo hecho el remero habría caído fulminado con ese calor.

Estos barcos nos adelantaban en la barca, haciendo unas olas divertidas

Estos barcos nos adelantaban en la barca, haciendo unas olas divertidas

A dónde irán esos turistoides...¿?

A dónde irán esos turistoides…¿?

Al salir volvimos a un barco grande, que nos llevaría de vuelta a los atracaderos donde habíamos empezado. En el barco grande íbamos algunos del grupo inicial, pero no todos. También iban otros nuevos.

De vuelta

De vuelta

Al volver  todavía quedaba gente vendiendo frutas

Al volver todavía quedaba gente vendiendo frutas

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laik a boss

laik a boss

La vuelta fue agradable, pero al llegar a la furgoneta y sentarnos descubrimos que faltaban chinos! Algunos no tenían que estar, pero otros que sí, no aparecían. El jodido Tiger los había perdido. Solución: NOs vamos sin ellos!!! A tomar por saco. Menos mal que eran chinos y daban un poco igual. Según Tiger, ya encontrarían otro bus, que la compañía tenía muchos. Le daba exactamente igual. Lo importante era cumplir horarios, aunque eso supusiera llegar con la mitad de los turistoides iniciales!

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No nos preocupamos demasiado, y seguimos el viaje de vuelta a Saigon.

4 largas horas después llegamos, y nada más bajarnos contratamos el tour de los túneles de Cu-chi con otra compañía. No inspiraba confianza el tipo que había dejado vendidos a dos turistoides porque se habían perdido. Al salir, nos apareció un vendedor ambulante a vendernos hamacas. Uno de esos pocos vietnamitas majos y cracks. Le dijimos que no. Pero el tipo vio el ansia viva en nuestra mirada y se quedó con nuestras caras. Volveremos a hablar de él.

Con los viajes contratados, el siguiente paso fue llenar el buche, después de la poquita comida que habíamos podido catar. No nos íbamos a andar con zarandajas. A 50 metros había un Pizza Hut, y allí cayó. Aunque había pizzas con sabor cangrejo, y otras curiosidades locales, la cena quedó marcada por la crack de la camarera: había un grupo de unos 20 estudiantes occidentales de como mucho 17 años. La camarera tiró una pepsi de medio litro con todos sus hielos encima de uno de ellos :)

Así aprenderá.

Nos fuimos al Sunflower hotel, a sobar, que ya era tarde, y al día siguiente tocaba nueva madrugada!

 

17 Abr

Vietnam y Camboya, episodio 10 – Angkor

Habíamos recorrido muchos kilómetros (no tantos en realidad, aunque cada kilómetro era dolor), para llegar hasta Siem Riep. Así que después de una buena noche sin mosquitera (y encontrándonos con unos acompañantes dentro del pantalón:),

Esto que parecía un ser de los avernos salió del pantalón de Car-Long. Viéndolo ahora parece un simple grillo...

nos levantamos motivados para ver los super templos de Angkor. Empezamos con un buen desayuno jemer (en realidad era bastante british), y nos dirigimos a la salida donde ya nos esperaba nuestro driver. Para evitar líos propios de estas latitudes, le habíamos contratado por un precio cerrado (unos pocos dólares, decisión ultraacertada), y el tipo nos fue llevando de un sitio para otro los dos días que íbamos a estar en Siem Riep.
Lo primero que hicimos fue ir a sacar unos rieles para pagar la entrada a Angkor, que era bastante cara. 40 dólares por persona para dos días. Teniendo en cuenta la cantidad masiva de gente que visita Angkor, y la poca industria de cualquier tipo que había en el resto de Camboya, daba la sensación de que este templo podría suponer un buen pellizco del PIB nacional. Sin embargo, nuestro driver de nombre impronunciable nos dio un dato (que quizá habría que contrastar, aunque no sé muy bien dónde): el 70% de los ingresos de Angkor se van a Vietnam, ya que al parecer el gobierno vietnamita sabe que la mayor parte de turistas de Angkor vienen de Vietnam y se aprovecha de la situación para decirles a los camboyanos “o me dais la pasta o hago del paso fronterizo, de las conexiones aéreas y por tierra y de las compañías de viajes un infierno para Camboya”. Esa es la teoría del camboyano, que quizá tenga algún sesgo nacionalista, pero que conociendo a los vietnamitas puede que sea bastante cierta. Vamos, yo me la creo.
Así que después de la alegre conversación financiera, el driver nos llevó en tuk tuk motorizado hasta la taquilla del parque, donde unas cámaras semiautomáticas te hacen unas fotos para ponerte en tu pase.

Buen comienzo de la visita a Angkor

La de Car-long fue especialmente divertida. Luego cada vez que nos las pedía algún guarda, se mofaba, para ver a continuación como Car-long imitaba la postura de su foto (y así se volvía a mofar). En Vietnam algo así habria sido impensable. El carácter de los camboyanos era clarísimamente diferente, no sé si por la influencia francesa, que duró mucho más que en Vietnam, si por lo reciente de los jemeres rojos, o por la menor influencia de China. Pero eran mucho más majos.

Así que tras pasar la taquilla, pensábamos que estaríamos ya en los templos, pero nos llevó otros 20 minutos de tuk tuk llegar a ellos. Algo que me ocurrió a mí, y probablemente a cualquier que no haya leído lo suficiente sobre lo que es Angkor y lo vasto que es, es el estar permanentemente atónito ante la magnitud del complejo. Parecía que habíamos entrado en el parque jurásico. Es ENOOOOORMEEE. Yo pensaba que era el templo mítico, Angkor Wat, y quizá algún templo anexo más. Pero no. Hay decenas de templos, otros tan grandes o más que Angkor Wat, templillos, templazos, paseos, ciudades, estanques, altares de sacrificios, e incluso, a media hora en tuk tuk, otro complejo más! Empecé entonces a entender por qué demonios necesitábamos dos días para ver Angkor (y de hecho, 3 habrían estado mejor). Era brutal. Y espectacular. Una de esas veces en las que te quedas con la boca abierta. A mí hasta ahora sólo me ha pasado con Angkor y con Petra, que era otro ejemplo de algo parecido. El viaje infernal de autobús merecía la pena totalmente.

Fundamental tener un guía en tuk tuk que te va diciendo qué ver, en qué orden verlo, cuánto tiempo te lleva cada cosa, y te va acercando a los sitios. El calor era asfixiante, la humedad era total, y los templos generalmente requerían subir escaleras, o trepar por muros, por lo que la visita es agotadora. Tener al menos un tuk tuk para desplazarse por ellos se agradece. La parte buena es que el tipo nos esperaba en la calle, asi que por dentro de los templos íbamos por libre tranquilamente.

Así que tras entrar por un portalón gigante flanqueado por cabezas igualmente gigantes y talladas con precisión milimétrica, el driver nos acercó a Angkor Thom, el primer megacomplejo que tenía un templo en el centro y muchos otros complejos de culto como el Bayón o una super terraza llamada “la terraza de los elefantes”, que no sabíamos muy bien a qué se debía el nombre. Luego vimos que tenía un friso lleno de elefantes tallados a escala casi real.

Introducing Angkor Thom

Había sitios más complejos de trepar...

Aquí sonaba la BSO de Indiana Jones en mi cabeza

 

En los jardines exteriores del templo principal había unos árboles también dignos de mención, que se integraban con los templos, incluso a veces era necesario trepar o bordear sus intrincadas raíces para llegar a los subtemplos siguientes.

Otros árboles comían piedras para desayunar

Mirando de abajo a arriba, desde dentro del templo

Así que dedicamos una buena parte de la mañana para ver Angkor Thom y todos los templos de sus alrededores Banteay Samre, y templos más pequeños como Pre Rup o Ta Som.

templo Bayon

Vista desde Baphuon

y hay más, y más y más…

Una entrada normal :)

Ni idea del nombre de este. Nos lo encontramos vagando por un bosque

Parecía mucho más abandonado que los otros...

Dentro del complejo de Angkor había gente viviendo, generalmente en cabañas, que vivían del arroz que cultivaban (había arrozales dentro del complejo también), y de vender ropas hipis a los turistas, y había negocios como restaurantes. Después de una mañana muy interesante, el driver nos llevó a uno de los restaurantes, que tenía un poco pinta de europeo, pero en el que había una comida más que decente (claro, era un poco europeizada).

La comida fue correcta, pero lo que fue épico fue la choza de las hamacas que estaba incluida en el precio y en la que nos echamos una pequeña pero interesante siesta.

Después del reposo seguimos la visita con Ta Prohm, el mítico templo que está totalmente subyugado a los árboles y en el que se rodó Tomb Raider, que daba mucho más de sí que simplemente la entrada con las raíces. Era un templo bastante grande y en todo él los árboles se habían hecho con el control.

el photospot

el árbol de tomb raider

Para cerrar el día vimos Angkor Wat, que estaba cerca de la salida. Angkor Wat es bastante más pequeño que Angkor Thom, pero mucho más impresionante, y de hecho es la imagen habitual de todo el complejo.

Los pináculos son más altos, está rodeado de un foso y una muralla, y una enorme pasarela con dos balaustradas que son super serpientes de 7 cabezas te van acercando al templo.

La gente se dedica a hacer el subnormal junto a las serpientes, así que nosotros hicimos nuestro aporte

En los laterales de la pasarela, grandes campas con templos más pequeños y unas vacas desnutridas (con la de hierba que tienen para comer…). Dentro del templo, muchísima gente, santones hindúes, olor a incienso, y mucho cansancio.

El monguer se repitió con las estatuas de leones

Al marchar para casa, reventados, pasamos junto a unos monos que se bañaban en las acequias junto a la carretera, que hicieron que la visita mereciera la pena aún más.

Angkor cierra bastante pronto. Normalmente el horario de apertura empieza muy pronto por la mañana (a las 6 para poder ver el amanecer desde los templos), y cierra a eso de las 6 de la tarde. Nosotros habíamos ido bastante más tarde. Aún así, la reventada era máxima, así que tampoco fue tan problemático tener que largarse. Al llegar al hotel, descubrimos que de hecho había sido algo muy bueno: la piscina del hotel nos esperaba.

Carlong: "hum... una piscina"

Instantes después... "Coño, si Carlong ya está a remojo!"

El hotel al que habíamos ido no era el más lujoso de Siem Riep, pero estaba bastante bien, y la piscina era un goce, con sus hamacas, sus palmeras, y su servicio de copas en la hamaca. Así que aprovechamos toda la luz que quedaba del día para hacer un poco el mono bajo el agua. Allí nos encontramos con otros tipos de Bilbao (it sends eggs) que nos contaron que habían venido volando desde Da Nang. Nosotros nunca contemplamos esa opción, ya que siempre miramos transportes desde Ho Chi Mihn, pero echando la vista atrás parece la opción más razonable: el vuelo era muy barato, y te ahorras el coñazo de bajar hasta Saigon, y el de venir de Saigon a Siem Riep (además de no perder un día entero).

Después de un buen baño y una puesta a punto, salimos a conocer mejor Siem Riep. Antes de cenar, descubrimos el auténtico bar cremas de Siem Riep. En una callejuela, lejos del centro activo de la ciudad, el bar consistía en un jardín lleno de sillas de mimbre, cojines, y mesas bajas, con una barra circular en el centro. Allí estuvimos un buen rato, cerveza en mano, departiendo sobre temas escabrosos.

es necesario adoptar la postura de algún tipo de lisiado estilo lord byron, para poder tratar estos temas tan filosóficos

Fue una lástima que no sirvieran cenas en este local, porque nos habríamos quedado de buena gana. Sin embargo lo que hicimos fue salir hacia la zona de restaurantes, plagada de turistas, donde tras dar varias vueltas entramos en uno muy chic, con suelos de madera, paredes vaporosas de telas finas, y camareros con esmoquin. Tenía una carta de vinos considerable, especialmente para ser Camboya, y los precios de la comida iban acorde con todo lo descrito anteriormente. Tampoco fue una cena espectacular, aunque por lo que pagamos debió haberlo sido. Buscamos un lugar adecuado para tomar unas cervezas, pero no se dio el caso. Así que no tardamos en volver al hotel, ya que al día siguiente había bastante que ver en Angkor.

El segundo día de Angkor nos levantamos antes, aunque no tan pronto como pretendía Car-Long, que quería ver el amanecer (en Camboya amanece muy pronto). El plan de hoy era diferente: Íbamos a Banteay Srei, un complejo más pequeño que Angkor, pero en el que había mucho que ver también. Una vez entrabas en el complejo principal, se tardan 35 minutos más en tuk tuk para llegar hasta Banteay Srei, el así llamado “templo de las mujeres”, ya que por lo visto fue construido por mujeres.

vaya está un poco lejos, habrá que echar gasolina... echar??? no! mucho mejor compramos una botella de fanta llena de gasofa!

Se diferenciaba de los otros además en que estaba construido con arenisca roja, y era mucho más llamativo, aunque también era muy pequeño y estaba peor conservado.

Al igual que en el complejo sur, en este complejo norte había otros muchos templos por los que caminamos pesarosamente, pues el calor se había multiplicado.

las paradas para descansar fueron aumentando

Para hacer el mono también

También hicimos un conato de arcercarnos a una reserva de aves, pero en cuanto salimos de la sombra de los árboles nos dimos la vuelta.

En un momento dado se puso a llover, de estos arrebatos que les da a los países de esta zona, de llover de repente, y nos refugiamos en uno de los templos más viejos y ajados de todo Angkor. No recuerdo cómo se llamaba, pero el templo era uno de los más bonitos del recinto. Estaba entre árboles enormes, tras un pasadizo místico entre espesura verde, y dentro podía recorrese entero. También la parte interior era tremenda; parecía sacado de alguna peli de aventuras, el mítico templo abandonado en medio de la selva, medio tomado por la vegetación, pero conservando todo su halo de misterio. Claro que unas niñas vendiendo pulseritas en medio del templo rompían un poco el halo, pero fue un buen refugio para la feroz e inminente chaparrada.

Iñiguyen lo petó con su nuevo estilo "wide-open-cap"

El driver nos llevó a comer a un sitio diferente, pero que también tenía una buena chabola con hamacas, desde donde vimos llover, y nos echamos una siesta un poco más extensa que la del día anterior; al final estaba lloviendo así que allí se estaba bien.

Cuando por fin paró el driver nos llevó a ver unos cuantos templos más de la zona norte del complejo, uno muy grande y rojo, que requería dureza de ascenso.

El ascenso se puede decir que era "empinadillo"...

Por último fuimos a unos templos anexos pequeñitos…

Donde pudimos por fin agradecer al driver su servicio!

Y sacar las últimas fotos de Angkor Thom

en un marco incomparable blablablabla

El segundo día cogíamos el avión de vuelta a Saigon. Qué bien hicimos en coger avión! Aunque las conexiones eran peores (más caras) con Saigon que con Danang, podemos decir que TOTALLY WORTH IT. Sólo por no volver al autobús de la muerte, los 100 dólares del vuelo estaban perfectamente bien pagados.

De todas formas el vuelo era por la noche, por lo que después del cierre de Angkor pudimos aprovechar la pisicina del hotel antes de salir.

Así que después del último baño y un intento fallido de imprimir los billetes de avión en las impresoras del hotel, partimos con nuestro fiel driver de tuktuk hacia el aeropuerto de Siem Riep. Un aeropuerto no muy grande pero que perfectamente podría ser el de una ciudad sueca de tamaño medio: totalmente moderno, nuevo, con mucho gusto, eficiente , espacioso, con asientos para todo el mundo. Un aeropuerto de absoluto lujo para estas latitudes. Le daba mil vueltas al de Hanoi (bueno y a cualquier otro de los que habíamos visto por aquí). En algún sitio se tenía que notar el pastizal que entra a Camboya por Angkor.

Allí tras la tensión inicial de no tener billete conseguimos pasar, hacer el checkin y esperamos al avión, de Cambodia Airlines, que era con mucho el mejor avión que cogimos en todo el viaje (sí, mejor que los de FinnAir). Avión de lujo, servicio y atención de lujo. En un vuelo de 45 minutos nos dieron de cenar, y nos trataron de forma exquisita. Camboya es otra historia.

Al llegar a Saigon teníamos un poco lío porque teníamos cambio de hotel. Como el Nguyen Kang había sido bastante chufa, decidimos cambiarlo por otro, y en Camboya hicimos la reserva para el nuevo. Pero como a Camboya habíamos viajado ligero, teníamos nuestro equipaje en el Nguyen Kang, así que primero teníamos que ir allí, decirle al tipo que nos salíamos, coger todo, e ir al otro hotel.

Otra vez la tensión de pillar taxis en Vietnam. Del aeropuerto al hotel me senté delante con el móvil y el GPS para que viera que la situación estaba controlada, y todo fue bastante bien. Subimos, cogimos el equipaje, y volvimos a salir. Según Google Maps, el otro hotel, “Sunflower”, estaba a 15 minutos a pie. Estaba realmente cerca. Pero eran las 10 y pico de la noche, había mucho cansancio… y no sabíamos bien la dirección. Así que optamos por coger un taxi. Como estaba cerca, decíamos a los taxistas que 100.000 dongs. 27000 dongs son un euro. Pero 100.000 era sobrado, para la distancia que íbamos a hacer. 3 euros en Vietnam pueden dar para mucho. Nadie nos aceptaba. Un tipo nos metió las maletas, pero luego nos dijo que 200.000. Nos pusimos firmes y bajamos las maletas y nos fuimos. Al final aceptó por 100.000. Fue muy jocoso durante los 5 minutos de trayecto, pero al salir le pagué con un billete de 500.000 y no me quería dar las vueltas.  Entre bromitas y demás, nos tuvimos que poner realmente amenazadores para que nos devolviera los 10 euros que nos estaba tangando alegremente (recordad: “all I wanna do (bangbangbangbang clinch) is take your money!”). Al final nos los devolvió, y nos largamos con portazo y mala educación. La cuestión es que estos jueguecitos les funcionarán con muchos turistas… por nuestra parte, decidimos usar taxis prepagados contratados en los hoteles, y así nos ahorraríamos polémicas.

Era realmente tarde cuando conseguimos hacer checkin en el Sunflower hotel, así que tras dar una minivuelta para cenar, nos fuimos a dormir. Teníamos dos días de Saigon por delante.

19 Mar

Vietnam y Camboya, episodio 9: Un viaje inolvidable

5 de la mañana. No era la primera vez que madrugábamos de forma extrema en uno de nuestros viajes. Tampoco la primera que ese madrugón era básicamente para meternos en un transporte y perder el día entero en él. Pero esto era Vietnam. Todo lo que anticipábamos que iba a ser el viaje a Camboya acabó siendo de otra manera. Peor.

A pesar de levantarnos muy pronto porque vendrían a buscarnos del bus, el tipo tardó bastante. Al de poco llegó y nos metió en un bus bastante cutre, aunque cómodo. Digo cutre porque veíamos los buses de la gente que salía hacia Camboya de alrededor, y esto era un poco de risa: eran buses con camas, en los que la gente iba tranquilamente dormida. Eran más lujosos que los trenes en los que habíamos viajado. Sin embargo nuestro bus era mondo y lirondo.

Así empezó el viaje que supuestamente nos iba a llevar unas 12 horas, para las 6 de la tarde deberíamos estar en Siem Riep. La mañana pasó de forma más o menos agradable.

Todo eran sonrisas.. no sabíamos la que nos esperaba...

Tranquilamente tardaríamos 2 horas en salir de Ho Chi Minh, pero la carretera era cómoda, y no se hizo muy duro. Hacia el mediodía tuvimos que cruzar lo que parecía el Mekong, en una zona en la que no había puentes. Así que los autobuses, coches y peatones se subían a una barcaza que daba malas sensaciones y cruzaban despacito. En nuestra barcaza, junto a nuestro autobús iba una señora a pie con una cesta gigante llena de lo que parecían cucarachas o algún otro insecto repulsivo. Cada poco tiempo cogía uno y se lo comía como si fueran quisquillas.

-un momento... ahí???

No mucho tiempo después, llegamos a la frontera y conseguimos nuestros visados para visitar Camboya. El paso de la frontera no es apto para los control-freaks como yo: cuando llegas a la parte camboyana el guía te quita el pasaporte para dárselo a las autoridades locales, y te mandan a una sala de espera, donde van llamando por nombre. Hay un momento en el que tienes que pasar un security check del que no puedes volver atrás, y seguir avanzando por un camino sin retorno. Entre tanto tu pasaporte está en manos de nosesabequien. Todo esto lo deduces viendo lo que hacen otros viajeros, ya que nadie da instrucciones, aunque hay unos bonitos carteles que podrían ayudarte si conocieras la lengua jemer. Algunos de esos viajeros a los que imitas están tan perdidos como tú, o te están siguiendo a ti directamente. Así que llegas a unas barreras en las que el guía reparte los pasaportes, pero misteriosamente sólo reparte a los chinos y a los vietnamitas. Todo occidental se queda marginado en una esquina sin noticias de su pasarpote ni saber cómo demonios se entra en Camboya. Al final consigues que te llamen, y den el visto bueno para que entres en el país, pero sigues sin pasaporte. Así que con muchas dudas, te montas en el bus sin pasaporte. Al final el tipo que te quitó los pasaportes de los devuelve. La gestión es en realidad muy eficiente, pero estaría mucho mejor si te informaran de qué demonios está pasando.

Al fin! miles de sellos!

Para la hora de comer llegamos a Phnom Penh, la capital de Camboya donde se encuentran super palacios y supertemplos dorados (y super tumbas comunitarias del infierno jemer). Allí supuestamente teníamos poco más de media hora hasta nuestro siguiente bus. Para cogerlo teníamos que hacer un trámite en una agencia de viajes, con un vale que nos habían dado en el otro autobús. Era todo un poco turbio, pero es que no estamos en Japón. El segundo bus tardo dos horas y media en aparecer, poniendo tensos a todos los que los esperábamos. Que estábamos sin comer, por cierto, y sin muchas opciones de comprar comida ya que no teníamos rieles cambiados.

Cuando por fin apareció, nos sentaron en el peor sitio posible: atrás del todo, junto al baño del autobús (que era infame). Aunque Carlong consiguió un “buen” asiento en la penúltima fila, y le pusieron a un monje budista al lado. Inicialmente tenía otra compañera, pero el monje no podía ir sentado con una mujer (qué bonitas son las religiones!) y pidió un cambio de sitio, y le tocó con Carlong, que le estuvo abrasando a preguntas sobre budismo, ser un monje budista, política, etc. El bus anterior nos había parecido una porquería, pero ahora pensar en él era pensar en el paraíso. Los asientos del bus camboyano eran estrechos, inclinados hacia adelante, no había sitio para las piernas (y mira que somos pequeños), no tenía nada parecido a refrigeración, con el calorazo de muerte que hacía, el baño estaba al lado, con los paseítos consiguientes, y además la suspensión estaba en modo “cama elástica”. Bueno este autobús tenía que dejarnos en Siem Riep en unas 6 horas, tal vez menos.

Pues no, fueron casi 9 horas de autobús infernal. El baño se fue llenando de lo que se llena un baño, y a todas las incomodidades originales había que añadir el hedor que salía de la puerta que teníamos al lado. Al menos aprendimos cosas sobre las batallas políticas y religiosas que había en la región con los budistas.

Cuando llegamos por fin a Siem Riep llevaba lloviendo intensamente al menos dos horas (habían hecho que el camino además diera un poco de miedo: el autobús iría como mucho a 40 km/h, pero parecía que iba a 140, entre la lluvia, la oscuridad absoluta, los botes, los ciclistas y tuktuk a los que tenía que esquivar de mala manera…) Si la frontera de Camboya no era apta para control-freaks, el viaje no era apto para gente que se marea.

Al llegar nos esperaba el tuktuk prometido por la chica del hotel kang de Saigon (dónde quedaría Saigon a estas alturas…). El tuktuk iba en el precio de todo el viaje y nos iba a dejar en el hotel. Aunque se perdió y pasó varias veces junto a la calle del hotel sin encontrarla, el tipo hizo una labor digna. Pero lo estropeó todo cuando quiso cobrarnos al final. No era mucho. Pero era un maldito miserable, después de que nos dijeran que iba incluido en el precio. Conociendo después a los camboyanos, dedujimos que probablemente el tipo del tuk tuk tenía razón en pedir que le pagáramos, porque probablemente la agencia vietnamita no le dio un duro. Así las gastan en ese país. El tipo pasó a la etapa de negociación, diciéndonos que no nos cobraba, pero luego nos llevaba a los templos de Angkor cobrándonos y blablablá… Así que como la cosa pintaba un poco chunga decidimos pagarle y mandarle al guano.

En la recepción del hotel la cosa cambió. Los camboyanos son gente realmente agradable y hasta cierto punto tienen pinta de bastante cándidos. Aunque Siem Riep recibe una salvajada de turismo, parece que aún no se han corrompido por el dólar (o por los chinos, más bien) como sus vecinos orientales. Menuda diferencia con Vietnam. También hay que decir que son gente un poco más gris y cabizbaja, probablemente todavía no hayan superado como sociedad lo que vivieron hace 30 años. La gente de la recepción nos dio una bienvenida calurosa (y mucho más sincera que cualquiera de las de Vietnam), y nos dieron nuestras habitaciones, que no estaban nada mal. Aunque la cantidad de mosquitos era ingente, y por ser zona de riesgo, ya estábamos dándole al malarone.

También intentamos montar una mosquitera de las que habíamos llevado. Con escaso resultado.

El complejo sistema de poleas incluía una percha con camiseta para contrapesar. Al entrar en la cama todo se desmoronó. Habría que confiar en el Malarone...

Bajamos a cenar al restaurante del hotel, donde pudimos comprobar que la comida jemer tampoco es ninguna maravilla. Todavía no he encontrado un país asiático (a parte de Japón), en el que haya comido bien…

Contratamos con el hotel un tuk tuk que básicamente estuviera a nuestro servicio durante los 3 días que íbamos a estar en Camboya, por un precio muy competitivo, y nos olvidamos de historietas de contratar a taxistas y demás. Esto fue un gran acierto, ya que como el tipo iba sobre precio cerrado y no se intentaba ganar nuestra amistad, supimos que siempre que era majo con nosotros, es porque era majo de verdad. El tío era un crack en realidad, y acabamos dándole una buena propina. Además, Angkor es GIGANTE, y para moverse por allí está muy bien tener un tipo que te lleva y te trae.

Nos fuimos a la cama, el día había sido muy duro, y el que venía iba a ser más duro, aunque mucho más bonito.

 

21 Feb

Vietnam y Camboya, Episodio 8: HCMC

No teníamos mucha prisa en Da Nang, pero la imagen de las cucarachas correteando por el baño de la noche anterior hizo que no nos costara mucho dejar nuestro espartano hotel de la ciudad más china de Vietnam. Un desayuno más digno de las cumbres del Himalaya que de un hotel de una ciudad hiperturística nos hizo salir huyendo hacia el aeropuerto. Según google maps, el aeropuerto de Da Nang estaba a 10 minutos andando del hotel, que estaba en el centro. Era un poco chocante, pero cuando cogimos el taxi para ir, descubrimos que era así.

Después de varios autobuses y trenes infernales, sabíamos que la mejor forma de ir al sur era coger avión, así que no tuvimos duda. Cutrelínea Airlines, y … a Saigón.

Echamos buena parte de la mañana entre el aeropuerto de Da Nang y la llegada a Saigon, para luego coger un taxi, con las precauciones antitimo de rigor.

Al ir viendo Saigon, o como la llaman ahora, Ho Chi Minh City, a mi me dio una impresión un poco de decepción. Me esperaba una ciudad tipo la Saigón que aparecía en El mañana nunca muere, de James Bond (luego supe que las escenas de Saigón estaban grabadas en Bangkok), y me encontré una ciudad, que dentro de lo asiático, era bastante europea. Plagada de turistas, y de rascacielos, pero con calles ordenadas, rectas, semáforos!!! que son respetados por los conductores!!!! Dios! si casi parece Japón! (No. Ni de palo). Aunque también tenía sus mercadillos callejeros…

 

En perfecta consonancia con los rascacielos comerciales…

Al llegar a nuestro “hotel”, descubrimos por qué un hotel en un lugar tan céntrico de una ciudad tan turística era tan barato. Estuvimos un buen rato en la “recepción”, un habitáculo no mucho más grande que mi cuarto de baño de casa, esperando a que nos atendiera una chica que perfectamente podría haber sido americana de padres vietnamitas, por la forma que hablaba inglés, el acento, e incluso por la forma de vestir. Era muy simpática y bastante directa con todo lo que le preguntábamos. Sin rodeos. Pero nos la clavó sin precedentes. Llegaremos a eso.

Nos dio nuestra “habitación”, en nuestro caso, un habitáculo que tenía el mismo tamaño que la cama, con 10 cm más por un lado, y unos 60 cm más por los pies. También tenía una gloriosa ventana que daba al pasillo del edificio, y un cuarto de baño del averno. La cabaña ahumada de Mao en las montañas de Sapa era mucho mejor refugio que este hotelucho de mala muerte, paradigma del ultraaprovechamiento del espacio. Al menos la recepcionista era maja. Y estaba supercéntrico, eso sí.

Antes de empezar a vagar sin rumbo le pedimos a la recepcionista que nos dijera cómo demonios ir a Camboya. Resulta que no es algo trivial.  Habíamos buscado bastante por internet y teníamos bastantes ideas, pero en cada sitio dicen una cosa y no queda nada claro. La chica nos ofreció su paquete de viaje, que tenía un muy buen precio, pero queríamos contrastarlo con otros antes de cogerlo. En Camboya tienes por un lado la capital Pnom Penh, que está más o menos bien comunicada por avión y por autobús (incluso por río), con Saigon y con otras ciudades. Pero los vuelos son bastante caros. Venir de Da Nang (800 km) nos había costado 30 euros trayecto, y volar de Saigon a Pnom Penh (400 km) costaba 200. Además, aunque en la capital hay cositas interesantes (básicamente museos de los horrores de los jemeres), si vas en plan viaje relámpago como nosotros, lo que interesa realmente es ir a Angkor, y esto está al lado de Siem Riep, que está a un buen trecho de la capital (unos 200 y pico o 300 km). Así que básicamente tenías varias opciones, si quieres ir rápido:

Bus hasta Pnom Penh, cambiar de bus, y otro hasta Siem Riep. Opción muy barata, y que lleva mucho tiempo, un día entero (12 dólares nos costó). No hay buses directos (o eso nos dijeron en todas partes)

Bus hasta Pnom Penh, coger avión hasta Siem Riep. Demasiado caro, porque los vuelos internos tampoco son para echar cohetes de baratos. Y es muy difícil de combinar.

Avión a Siem Riep, directo. Muy muy caro (desde Saigon)

Avión a Pnom Penh, y bus a Siem Riep: bastante caro, y malas combinaciones

Ir de alguna manera hasta Pnom Penh y luego en barco hasta siem riep. Te eternizas en el barco

Opción inversa, ir en barco hasta Pnom Penh, y luego de otra manera hasta Siem Riep. Lo mismo. Tiene el atractivo de que cruzas la frontera en el río.

Por lo que pudimos ver, no había opción netamente buena. Así que nos decantamos por la más barata (WEEE, error!!), aunque la recepcionista insistía en que era la única manera, que lo del río ni de coña, y blablablá. (nosotros sabíamos de gente que había hecho el itinerario en barco, claro que con muchos más días y demás)

En fin, tras consultar los precios y la opción de la chica del Nguyen Khang (nuestro hotel), le preguntamos también un buen sitio para comer, y nos recomendó uno cercano, así que por fin, a medio día, nos lanzamos a conocer un poco la ciudad más emblemática de la guerra de Vietnam.

Lo primero que hicimos fue comer en el sitio recomendado por la tipa, que resultó estar bastante bien. Era un noodle bar, con muy poco espacio para comer, pero buena comida. Con las barrigas llenas, y tomando nuestras primeras dosis de Malarone, partimos hacia la exploración preliminar de Ho Chi Minh City.

Para ello nos hicimos el recorrido propuesto por la Lonely, que básicamente te muestra los sitios más relevantes: el mercado gigante que hay en el centro, el puerto con los barcos que parecían casinos, el mercadillo callejero y la super torre, a la que no pudimos evitar entrar y subir a la última planta, para tomarnos la coca cola más cara de todo el viaje (unos 3 euros la unidad, que es como si aquí te cobraran 20 euros por una coca cola). Así que como había salido bien caro, estuvimos un buen rato allí apalancados.

aprovechando las vistas.

De otros edificios insignificantes de Saigon

Y el Mekong

Al salir seguimos el tour nocturno por las inmediaciones, visitando los barquitos-casino, que eran restaurantes. Había tanta competencia que estaban casi todos vacíos. Parece que no hay tantos turistas dispuestos a comer en un sitio tan hortera.

Luego seguimos por los boulevards franceses que hay en el centro élites de Ho Chi Minh. Hay una zona con alamedas, calles iluminadas, anchas, ordenadas, iglesias, que básicamente parece que estás paseando por París.

El super teatro de Ho Chi Minh.

Los franceses estuvieron aquí hasta hace bien poco, pero su influencia es clarísima. Fachadas neoclásicas, luz, y jardines, algo que parecía imposible de ver en cualquier otro sitio de Vietnam. También había tiendas elegantes, boutiques y centros comerciales dignos de Londres o Nueva York. Se nota que el sur era el “bando capitalista” en la guerra (en realidad no, en Vietnam del sur hubo dos bandos y una guerra civil previa a la guerra de Vietnam, y de hecho fueron los que más cobraron en términos de recibir bombitas, napalm, y defoliantes, pero bueno, con pincel muy muy gordo, el norte eran los comunistas y el sur los nobles capitalistas que se iban a pasar al lado oscuro (o al lado rojo más bien)).

El hotel donde se alojaban los periodistas en la guerra.

Y la oficina de correos, con un reloj de diseño claramente suizo.

Tras esta interesante visita con guía auditiva patrocinada por Lonely planet, (y de ver que había un cine en uno de los megacentros comerciales y podíamos ver peliculón, como era tradición en los viajes), volvimos a la zona del hotel, donde había bastantes agencias de viajes para consultar el tema del viaje a Camboya. Nadie nos dio buenos resultados, o se tardaba demasiado, o sólo iban a Pnom Penh, o … problemas , siempre problemas. Cómo irá la gente a Camboya?

Al final decidimos coger el de la tipa del Nguyen Khang, que nos dijo que era un buen autobús, y que en Pnom Penh esperaríamos poco tiempo, y que al llegar nos esperaría un Tuk Tuk, incluido en el precio para llevarnos al hotel de Siem Riep.

Todo acabó siendo sólo parcialmente cierto.

Nos fuimos a nuestros zulos a dormir, ya que, olvidaba contar, el bus a Pnom Penh salía a las 5.30 am.

 

24 Ene

Vietnam y Camboya, Episodio 8: Oasis

Despertar en un hotel de 5 estrellas era algo a lo que no estábamos habituados, ni en este viaje ni en ninguno. Mucho menos bajar al restaurante del hotel, tener un extenso buffet y contar con un cocinero francés que te hacía la comida a demanda. Así que los desayunos fueron frugales y variados, con muchos platos en la mesa, como si fuéramos náufragos que llevan 15 años subsistiendo sin probar bocado caliente.

 

La fruta dragón estaba por todas partes

En principio teníamos que largarnos del hotel, ya que sólo nos lo habían puesto para una noche. Sin embargo intentamos convencer a Lisa para que nos dejaran la segunda noche aquí. No funcionó, tuvimos que hacer un nuevo cambio de hotel al que habíamos reservado en principio. Era peor que el de 5 estrellas, pero aún así estaba muy bien. Y teníamos masajes a cambio. Después de establecernos en nuestra nueva habitación, cogimos toda nuestra apestosa ropa en mugrientas bolsas de plástico y la llevamos a recepción, ya que teníamos servicio de lavandería. En cuanto nos deshicimos del pestilente cargamento un transporte del hotel nos vino a buscar para ir a la playa. La playa privada del hotel.

Brutal.

Al llegar a la playa fuimos conscientes de lo que era una playa privada: en realidad era una gran playa dividida en zonas donde cada hotel montaba su chiringuito con sus tumbonas y sombrillas.

 

mal o qué?

Las nuestras eran perfectas. Estaban en el centro de la playa, tenían un “restaurante” de pescado detrás (habíamos leído cosas muy interesantes sobre el pescado en el centro de Vietnam), y básicamente, nos tumbamos a la bartola con lectura, música o sueño, durante el resto del día, con paradas esporádicas para chombos, paseos bajo el sol abrasador, y para comer un arroz con pescado absolutamente espectacular (la mejor comida so far en todo el viaje). Había también una lancha con parapente que nos tentó varias veces, pero cuando vimos el precio nos desmotivó un poco: eran medio millón de dongs por unos segundos volando.

Así que allí vimos el día pasar hasta que sobre las 6 decidimos volver al hotel para darnos el masaje prometido, primero de pies y luego espalda y hombros. Por lo que cuentan los que se lo dieron, estuvo muy bien .

nnññg

Después de reposar un poquito en las habitaciones, salimos de nuevo a ver un poco más Hoi An, y a conocer su otro gran atractivo: los trajes a medida por 4 duros y en 24 horas! Estuvimos un buen rato mirando tiendas especializadas en trajes a medida, pero finalmente fuimos a la que nos recomendaron en el hotel, que por otra parte es la más conocida, y por tanto llena de turistas (y probablemente, la más cara). Pasamos un buen rato entre las telas, y los catálogos de corte, para descubrir que los trajes no eran tan baratos, a menos que te lo hicieras de polyester. Si te haces un traje majo de algodón o de lino, los precios suben hasta 80-120 euros, que sigue siendo barato para lo que es, pero no para ser Vietnam. Probablemente puedas buscar tiendas en las que te lo hagan por 50 euros.

 

las tiendas de farolillos lo petaban

Así que un poco desmotivados, nos fuimos a mirar lámparas (las lámparas son el mítico recuerdo de Hoi An). Y Carlong se volvió con una. También conseguimos negociar un batín de seda, e Iñiguyen se compró tela en bruto para sus confecciones caseras. Las tienditas de Hoi An molan bastante, son como el típico bazar asiático, caótico, con olores mezclados, regateo, y turistoides, pero sin la parte mala: no venden JENAS.

Hasta venir a Hoi An, todos los mercadillos bazares asiáticos que había visto habían sido similares y siempre salía con la sensación de “sólo he visto baratijas y mierdas varias que nunca compraría o que aquí compro porque soy un turista y algo tengo que llevar a casa”. Pero aquí además de las baratijas, que también, había cosas curiosas, enormes tiendas con barcos gigantes de madera( hay un episodio de TopGear que vienen a Hoi An en moto y el flacucho canijo tiene que irse en la moto con uno de estos enormes barcos), lámparas, y artesanía de calidad.

Tras los trajes y compritas, fuimos a conocer un poco mejor sus bares, que no tienen desperdicio, donde pudimos apalizar a Carlong al billar.

Sí, APALIZAR.

 

mucha posturita pero luego perder

:D

Otro día escribiré sobre Carlong y su palizabilidad al billar y a los bolos :P

Con los zumos se hizo más llevadero. También reservamos para cenar en el mejor restaurante que proponía la guía, el Morning Glory. Como era tan famoso, había que reservar, primera vez que nos pasó algo así en Vietnam.

 

sah, nostamal...

La comida fue lenta y tampoco tan buena. Resulta que en este restaurante tienen dos mini terrazas que si las pillas pues cenas medio en la calle y muy bonito. Si no, pues es un poco gabarrero y la comida tampoco es para tanto. Me quedo con el SAkura sin dudarlo.

La cena no fue gran cosa, pero después seguimos inspeccionando la noche de Hoi An, aparentemente sin mucha novedad que ofrecer. Demasiado bar para turisteo y demasiado poco para tomar una cerveza a precio vietnamita. Sin embargo ahí estuvimos un buen rato, para después volver a nuestro Little Hoi An boutique and Spa.

La noche fue larga y placentera, para levantarnos al día siguiente deseando tener un día más en Hoi An.

Como no lo teníamos, decidimos explotar al máximo el tiempo que sí íbamos a estar, así que después de otro desayuno histórico, y recoger nuestra ropa limpita de la lavandería, desalojamos la habitación para irnos directos a la playa otra vez, donde una vez más, pasamos todo el día entre chombo y chombo, paseos, y lo mejor, la comida. El día anterior habíamos visto que en el restaurante de pescados había langosta también, y parecía bastante barata. Así que desde el día anterior habíamos estado especulando sobre la langosta. Nos lanzamos al tema, y Carlong e Irang-tzu eligieron un ejemplar que no pesara demasiado.

Además pedimos más del arroz que tan bueno había estado, y unos cocos para beber. Por muy poco dinero atacamos a la preciada langosta, y volvimos a reposar a las hamacas.

 

burrarrum!

Al volver al hotel, nuevo masaje y piscina, hasta que saliera el coche que nos iba a llevar a Da Nang. Da Nang es un sitio muy mítico, pero por lo que pudimos ver de pasada al venir a Hoi An, era un poco Benidorm. Así que pensamos en ir a última hora con un transporte privado organizado por el hotel, que tampoco sería muy caro pues no estaba muy lejos.

Cuando nos quedamos sin luz para hacer el mono decidimos salir hacia Da Nang. El chófer era majo aunque no hablaba demasiado. Sin embargo, cuando nos arrimamos a las montañas de mármol, uno de los vista points relevantes, empezó a hablar y a decirnos que nos acercaba a verlas y blablablá. Tener driver privado no estaba mal J Así que el driver nos acercó a la base de la montaña, una zona repleta de tiendas que vendían tallas de mármol. Pero no 2 o 3 tiendas. 20 o 30 más bien. Básicamente sólo había tiendas de mármol. No sé de qué pueden vivir en esta zona si todos venden exactamente lo mismo.

En fin, en esta montaña en la que obviamente hay mucho mármol, también hay una pagoda en lo más alto que se puede visitar normalmente, subiendo en un ascensor. Hoy no era el día, ya que era demasiado tarde y ya no había visitas. Así que nos perdimos las vistas de la pagoda y las llanuras de alrededor, pero al menos pudimos hacer alguna foto.

No mucho después el driver entró en Da Nang, y nos acercó a nuestro hotel, un agujero infecto con cucarachas en una de las calles principales de Da Nang. Esta ciudad es muy turísitca, pero sobre todo hay turistas chinos, que son a los que les mola el rollo chabacano. Así que era raro encontrar occidentales por aquí, pero en su lugar encontrabas chinos, que son mucho peores. Nada más pisar el hotel nos largamos de allí, porque no era un hotel como para pasar el rato. Habíamos venido a DA Nang sólo porque al día siguiente cogíamos un avión a Saigón (HCMC Ho Chi Minh City)

Al venir en el coche ya habíamos visto el percal de la ciudad: neones, mal gusto, muchos coches, rascacielos… y en definitiva, una mezcla de las vegas y Benidorm cogiendo lo peor de cada mundo. Nos dimos una vueltilla junto al río, viendo los espectaculares puentes que han construido recientemente, ya que la ciudad es la que está en mayor auge de Vietnam y crece a pasos agigantados. Pero no había mucho que ver, salvo grupos de chinos haciéndose fotos con los estridentes puentes. Nada que ver.

Así que enganchamos con la cena directamente, fuimos a un restaurante recomendado por la guía, con una buena terraza y “cocina mestiza”. Básicamente pedimos macarrones a un precio semiasequible, pero fue una de las mejores cenas. No tardamos en volver, ya que tampoco había muchos sitios para ir, y meternos en el sobre para ver alguno de los peliculones que echaban en canales extranjeros. Al día siguiente íbamos a lo gordo!

 

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