04 Jun

Namibia, capítulo 14: Larguémonos

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Era el último día de visitas reales en Namibia y ya tocaba ir volviendo para Windhoek, que como estaba a bastante distancia lo haríamos poco a poco y durmiendo en sitios intermedios (y pasando un montón de veces por el condenado Solitaire).

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Nos despedimos de nuestra espartana plaza de camping donde habíamos sobrevivido a una tormenta de arena y nos dirigimos hacia el norte, y tras llegar a Solitaire, bajamos hacia Bullsport, una granja privada que prometía excursiones viendo animales. Cuando llegamos allí nos encontramos con un señor mayor, de origen alemán que básicamente nos dio las llaves para cruzar a su enorme finca donde podíamos darnos un garbeo por ella como tuviéramos a bien. La finca estaba situada en el Naukluft Zebra park, así que esperábamos ver algún bichito. Nos hicimos un trekking de unas 4 horas por la finca y no vimos absolutamente nada, pero bueno, las vistas en general estaban bien. El Zebra park este es una montaña enorme en medio del desierto y la finca de Bullsport iba por la falda, así que se podían ver cosas curiosas. Estuvimos toda la mañana sin ver a nadie, lo cual también tiene su cosilla.

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Por la tarde volvimos por donde habíamos venido ya que esa noche la teníamos reservada en el Agama river camp, un camping no muy lejos de Sesriem (vueeeelta a pasar por Solitaire). El camping Agama SE SALE. Es uno de los mejores que hemos estado. Tenía una piscina BRUTAL, y buenas plazas de camping con todo tipo de lujos como sombra, agua o toma de corriente. Allí, yendo a bañarme a la piscina vi como un oryx se metía en nuestra plaza de camping y husmeaba por las cercanías. Risas.

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Pasamos la tarde leyendo y en la piscina, muy a gusto, y a eso de las 7 nos subimos al techo del edificio principal del camping, donde estaba todo el mundo con unas cervezas. No entendíamos demasiado el asunto pero luego nos dimos cuenta de que era porque se veían tremendos atardeceres desde allí. Lamentablemente mi cámara ya no tenía batería y lo tuvimos que ver sin hacer fotos.

Al día siguiente emprendimos el regreso a Windhoek. Sí, nuevamente pasamos por Solitaire, ya por última vez. Abastecimiento, gasolina, y palante. Como era un camino largo decidimos hacer entre medio una paradita de “treat-yo-self”. Había algo llamado Lake Oanob Resort que tenía pinta de sitio para hacer el vago a cholón, y estaba a medio camino. En efecto, el sitio, junto a la población de Rehoboth(con nombre de localización de Star Wars), era todo un resort de lujo para los estándares namibios. Tenía un muy buen restaurante, una piscina que se podía llamar piscina (no era una poza como la de los otros sitios), y cada una de las “plazas de camping” estaban adecuadamente posicionadas con vistas al famoso lago Oanob. Entrecomillo lo de plazas, porque realmente eran más bien una especie de cabañas sin paredes con toda suerte de lujos (pero más que los de agama): suelo de madera, cocina completa, con fregadero y hornillo, mesa con sillas y muchísimo espacio. Montabas la tienda allí msmo en el suelo y tenías tus hamaquitas con vistas al lago para echarte unas buenas lecturas y una cerveza.

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Además de esto, el lago tenía unas bicis con ruedas gigantes de plástico que permitían navegarlo a pedales, así que ahí nos lanzamos a recorrer los recovecos del Oanob en bici, dándonos un refrescón de la misma. Al volver nos metimos en la piscina con una cerveza y de pronto parecía que ya no estábamos en Namibia. Hasta teníamos internet.

Aproveché para seguir online la esperadísima presentación del Pixel de Google, y.. qué mal… qué decepción… Pero bueno para quitar el mal sabor de boca fuimos a cenar al restaurante, que nos puso una mesa en una terraza sobre el lago y nos sirvió unos platazos de caza (game) que la gozamos. Aquella noche sí que dormimos bien en nuestras cabaña-campings. Al día siguiente había que volver a Windhoek y despedirnos porque nos volvíamos para Bilbao.

Cena terracera

Allí no pudimos hacer gran cosa, volvimos al mismo camping del principio, que molaba bastante, estuvimos devolviendo los trastos de camping alquilados y salimos de compritas de regalos y a comer a un garito elevado, en el que comías en una terraza con vistas a una calle infecta de Windhoek.

La tarde estuvo bien y conseguimos comprar regalitos suficientes. Comprar souvenires no siempre es fácil ya que lo que mola es caro y lo barato suele ser muy chustero. Así nos despedimos de Namibia, sus leones, elefantes, facóqueros, su mar salvaje y sus árboles secos.

 

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